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domingo, 17 de agosto de 2008

Francisco Rivero: "Sin moralidad estamos perdidos".

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El profesor de filosofía y conductor del programa “Sin contemplaciones” que actualmente se transmite por Venezolana de Televisión, asegura que no puede haber democracia sin voluntad moral. Dice que nadie en el gobierno critica al gobierno y que nadie en la oposición critica a la oposición. Desde ese estado de bronca permanente, agrega, el Centro Comercial Sambil se ha convertido en el colmo de la libertad.

Por Harrys Salswach *

Se puede decir que el Occidente moderno vive una crisis de racionalidad. Hay un empeño por reducir el mundo a Sistema: Mercado o Revolución, que usted ha señalado como más afines que lejanos.

Tienen una fuente común, una raíz metafísica que nace en el siglo XVII, y serían dos versiones del racionalismo moderno: una idealista cartesiana, y otra empirista inglesa. La primera supone que el punto de partida del conocimiento son las ideas propias del espíritu humano. La segunda -la empirista- supone que el punto de partida del conocimiento es la experiencia. La raíz es hacer abstracción del mundo real, del contexto efectivo en el que se da la vida, la conciencia y la acción humana. Aislar a la mente de la realidad, abstraerla del Mundo.

Ese rompimiento es radical.

Pero ahí es donde está la raíz del pensamiento moderno. De eso se trata la Revolución entendida en términos modernos. La mente queda aislada dentro de sí misma y se erige como única fuente de verdad. Descartes dice que descubre las ideas claras dentro de sí, son innatas, y traduce el mundo de las matemáticas que es el mundo de la claridad y la lógica. El contexto cultural de la última Edad Media se derrumba; las certezas que le daban firmeza se tambalean; así, si el mundo es incertidumbre, la mente busca un punto de apoyo desde el cual cimentar un principio inamovible, el cogito ergo sum (“pienso luego existo”) cartesiano funda ese principio en el pensamiento racional, dos más dos son cuatro universalmente y por encima de todo conflicto.

¿Esas “ideas claras”, en Descartes, eran una suerte de “Revelación”?

Sí, es una revelación porque rescata el espíritu sin referente; el espíritu sin luz es infelicidad; la conciencia no puede entonces acercarse a nada en realidad; no sabe si algo es auténtico, si es cierto o incierto, no tiene puntos de apoyo. Lo que busca Descartes para evitar ese abismo que se abre ante los hombres es una certeza, una verdad que no pueda ser dudada, un punto de apoyo absoluto para el Saber, para la Conciencia; que sea el SER definitivamente alcanzado. Y sobre esa certeza re-construir el orden entero de la realidad.

¿Habrá alguna semejanza con nuestra situación?

Nosotros vivimos en una micro-situación como esa; pero sin toma de conciencia de que es una situación que tiene fondo; desconocemos la tradición de pensamiento de la que somos hijos, porque aquí se ha vivido frívolamente desde por lo menos toda mi existencia. Así que serán 40 años viviendo más o menos versiones de lo mismo: una liviandad, una insustancialidad, un modo de vivir absolutamente vacío, no digo de toda la nación; siempre hay un pequeño grupo que no vive en la vacuidad, pero no tiene eco, no tiene voz. Así que el orden político nacional se desfonda en esa inanidad, es decir ¿por qué se desfondan COPEI, AD, por qué se desfonda la democracia tradicional? Por vaciedad moral y espiritual, porque el orden político no crece como un mango.

John Stuart Mill escribe: “… el pueblo que ejerce el poder no es siempre el mismo pueblo sobre el cual es ejercido […] la voluntad del pueblo significa, prácticamente, la voluntad de la porción más numerosa o más activa del pueblo… el pueblo, por consiguiente, puede desear oprimir a una parte de sí mismo…”

Ese es el problema. No puede haber Democracia sin voluntad moral que se funde en la conciencia de un orden de bienes; unos de valor esencial, otros, de valor relativo, circunstancial. No hay voluntad moral cuando desconocemos la naturaleza de lo que está en juego; la Libertad no es nada más un “vamos a votar” cada cuatro años y sacamos a un infeliz o a un sabio, porque da igual, porque tanto el sabio como el infeliz son parte de un Sistema que erigimos como encarnación de la Libertad. Sin conciencia estamos perdidos, si relativizamos todo no hay nada normativo y esencial, nos encontramos con lo que decía antes: apatía, desidia, transitoriedad, todo está vaciado de contenido.

¿La Libertad en estos términos es una instancia meramente operativa absorbida por la lógica de los Sistemas?

Mira a los muchachos que agitan las manos pintadas y en el aire pidiendo “¡libertad, libertad!”: Es una estupidez. ¿Cuál es la substancia de la Libertad? Pues, un fin o un bien esencial. Es en razón del Bien que la Libertad alcanza sustantividad y efectividad, si no es así, es sólo Poder, es sólo posibilidad de elegir, mientras más posibilidades de elección hay, más libre eres. Resulta que el colmo de la Libertad ¡pues será el Sambil! porque ahí encuentras ochocientas tiendas de calzoncillos y mientras más haya, más libre serás.



Se escucha en los medios oficiales hablar de “Socialismo científico”: ¿Modernidad en la expresión más ostentosa?

El “socialismo científico” supone que el hombre es capaz de conocer absolutamente el orden de la realidad, que el hombre no es como dijo Pitágoras “un amante de la Verdad porque sólo Dios es Sabio”, no, ahora no, porque la Modernidad dice que el hombre es el portador del Ser, y por consiguiente el hombre es lo absoluto. La toma de conciencia de esa condición es la Libertad, la Soberanía, y esto no se alcanza accidentalmente, se sigue un proceso lógico (la Historia para los marxistas) y el hombre es el prototipo de su realización.

La crisis en Venezuela es generalizada. El lenguaje utilizado por la Voz pública señala una decadencia de orden espiritual y devela una alarmante carencia de conocimiento.

No hay aristocracia de espíritu, de pensamiento. Pero no es solamente en el chavismo. En aspectos del chavismo -diríamos- esencial, no vamos a ningún lado, ni tiene sentido, ni puede fundar, ni reconstituir en términos profundos, de justicia, de libertad, ni de humanidad, nada. Es de nuevo buscar una fórmula encarnada en un líder ante la idolatría de los súbditos. Se abdica de la capacidad de juicio y crítica, y obedeces al Poder. Nadie en el gobierno critica al gobierno, nadie en la oposición critica a la oposición. Se está en un estado de bronca permanente. La idea de que todo el problema es Chávez exime a la oposición de pensar, y sin pensamiento no hay reflexión, y sin reflexión no hay juicio, de nuevo abdicamos de nuestra condición crítica, nos deshumanizamos.

Un programa como “Sin contemplaciones” no habría salido al aire por ningún canal privado. Aunque muchos creen que no durará por Venezolana de Televisión mucho tiempo.

No se trata de hacer una prédica política, ni una apología de los dos bloques enfrentados. Lo patético de la oposición es que ellos sí sienten que son el Oráculo de Delfos y que son portadores de la antorcha de la libertad y de la civilización, pero precisamente ellos engendraron a Chávez. Grabo cada programa como si fuese el último.

“Sin contemplaciones” busca despertar la reflexión sobre temas fundacionales de la Cultura Occidental, principalmente de la Modernidad. El tono de su alocución va in crescendo, agita al espectador.

Bueno, esa es la intención: sacudir al oyente hasta la reflexión. Estamos perdidos si no somos capaces de reconocer, evaluar, juzgar el drama de eso que llamamos Modernidad, que termina identificando Libertad y Poder.

Términos con los cuales dimos inicio a esta conversación.

Mira, como la realidad no es Sistema, tienes que crear un mundo adaptado a dicho Sistema. Tomamos dos acciones: creamos un muro para no contaminarnos (el Muro de Berlín), o nos aislamos como Cuba, “¡la fortaleza de la libertad!” en nombre de la dignidad, de la justicia, del hombre nuevo y de la Revolución. Se llega a la locura en nombre de un hombre solidario y justo. Camus se pregunta ¡¿cómo se llegó a esto en nombre de la Libertad?¡

Parte de la población no quiere ver una realidad cruda que es la desolación en la que viven tres cuartas partes del país, y esta ve en su situación de miseria una prerrogativa a su favor.

Se ha asumido el proyecto moderno como la última escala en el pensamiento del hombre, entonces, cualquier intento por materializarlo irá directo al fracaso. Es descabellado imponer tanto una Revolución como un Mercado que promete al hombre un Paraíso recobrado. La Verdad no se puede imponer, el Bien no se puede imponer, tiene que ver con un constante hálito de espíritu; la imposición es la negación de la Verdad; mata la Libertad, anula al Espíritu.


* Texto publicado en la edición número 4 de la escurridiza Plaza Mayor, una revista gratuita que se distribuye azarosamente en algunas calles de Caracas. Las fotos originales de esa pauta son de Andrés Manner, pero no las tengo a mano. Estas dos las bajé desde Google. La primera es de Orlando Alviárez y la segunda es de un tal Roberto (supongo que Hernández Montoya, a juzgar por el "Fundación Celarg" que tan estratégicamente se lee detrás).


viernes, 4 de julio de 2008

Típicos poemas urbanos

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Pensaba: ¿disertación, literatura o reciclaje? Quiero decir, o inventaba un tópico sobre algo típico, o escribía un poema para aparentar sensibilidad, o reciclaba algún trabajo periodístico? Opté por las tres:



Esto que verán –¿y leerán?– es la entrevista a Victoria Lanz seleccionada para la tercera edición de la revista Plaza Mayor, con fotos del iluminado Andrés Manner, y texto del ilustre Jorge Sayegh. Se titula Victoria en la calle / De paseo con el primer ángel porno nacido en la Sucursal del Cielo.


Nos citamos un sábado en la mañana para improvisar las fotos en plena calle mientras hacíamos la entrevista. Andrés era el fotógrafo, chofer y asistente. Yo preguntaba. Johnny, su esposo, nos la confió y se fue. A primera vista, nadie supondría que Victoria Lanz es un sex symbol. Está buena, no hay duda, pero en las calles de Caracas abunda la bondad femenina. Es extremadamente sencilla y casi tímida, hasta que se para frente una cámara. Entonces se para todo lo demás, autos, peatones, autobuses y motorizados.

¿Cuáles son tus primeros recuerdos de Caracas?
Entre la California, en casa de mis padres, y la avenida Fuerzas Armadas, donde vivía mi abuela, cerca de Cotiza. Me daba ilusión que me llevaran al CCCT o al Unicentro El Marqués. Estudié en el Leoncio Martínez… Soy la menor, recuerdo mucho cómo me consentían mis hermanas.

¿Dónde rumbeas?
No soy rumbera. Siempre fui tranquilita. Además esta ciudad es muy violenta, la gente es agresiva. No me gusta salir.

¿Cuál es el sitio más sórdido que has visitado?
Alguna vez me llevaron al Fenicia, donde las chicas están en plena barra metiéndose pases… es que además soy muy zanahoria, tomo poco, apenas fumo y las drogas nunca me han llamado la atención. No me da pena decirlo.

¿Y cómo influyó Caracas para que te dedicaras al espectáculo del sexo?
Fue un incentivo a la inversa. Johnny me tomaba fotos desnuda, pero aquí hay tanto tabú que nunca las habría publicado; hasta que fuimos a Europa. Descubrí que allá el desnudo es algo natural, que se venden videos porno en los kioscos, que las chicas hacen strip-tease en la tele… Si se ven tan lindas, si nadie se ofende, ¿por qué en Venezuela se prohíbe?. Todos tenemos unas nalgas, todas tenemos tetas… ¿Cuál es el problema? ¡Allí fue mi destape! Al principio pensaba ¿qué dirá mi familia? Pero mi mamá siempre me dijo: "Si estás feliz con lo que haces, yo estaré contenta". Así que le expliqué, "me siento bien con lo que hago, me gusta mi cuerpo, disfruto exhibirme, viajo, conozco gente nueva, conozco nuevas culturas, aprendo nuevos idiomas, y por eso me pagan, mamá. ¿Tú crees que estoy mal o sufriendo?"



¿Tú trabajo es fácil?
Es fácil porque me gusta, pero es difícil porque a veces tengo que estar sin comer, no es fácil mantener las posiciones, me duele, me dan calambres…

No hay escuela de actrices porno. ¿Cómo se aprende?
Se aprende con el oficio y con las ganas. Si lo haces pensando en lo que te van a pagar y ya, no sirve. Claro que todos trabajamos por el dinero, pero tienes que esmerarte, tienes que pensar: "tengo que verme bonita para mis fans", tienes que comportarte con responsabilidad para que los productores vuelvan a llamarte. En Caracas aprendí mucho sobre las poses en fotografía, pero sobre las escenas en vivo me enseñaron mis amigas en España: "en esta posición no tuerzas el pie así, que se ve feo, estíralo así y se ve lindo. Arquea la cintura. Pendiente de la cámara, pero no la busques".

¿Crees que aquí pueda desarrollarse esa industria?
A lo mejor a largo plazo… Aquí todas las mujeres quieren ser Miss Venezuela, todas se las tiran de exquisitas y van para las discotecas, pero les dan tres tragos y se las llevan a un matadero. Hay una doble moral muy fuerte, la mayoría está "montando cachos" o pendientes de un chuleo. Yo no sé cuál es la moralidad de aquí, hay robos, asesinatos, los políticos son corruptos, pero trabajas con sexo sin hacerle daño a nadie y te acusan de puta. O como una chica de apenas 18 años que ya ha tenido dos abortos, vive en una habitación comiéndose un cable y le ofrecimos hacer una escena. Su respuesta fue: "No, yo no le haría eso a mi cuerpo". ¿Puede abortar dos veces pero no puede hacer una escena?

¿Si pudieras dirigir aquí, cómo sería tu película porno?
Un tour por Caracas. En el Teleférico, en una camionetota rodando por la autopista… O en una playa como Los Roques, pero que sea divertida.



¿Cuál es el tipo de hombre para Victoria Lanz?
Lo que más me gusta es un hombre sencillo, con buena conversación y sentido del humor. Ni papeadote, ni firifiri, no me gustan negros morados, morenitos está bien. No me gustan los hombres que se las tiran de papis porque tienen una camionetota y una pistola y te dan a entender que tienen mucho real. Yo no ando en esa, si alguien es pobre y me cae bien es mi panita, si me cae mal aunque sea millonario le saco el culo.

¿Eres consciente de que tú sólo vendes una fantasía?
Eso es lo que me gusta: ser una fantasía. Me encanta que me escriban diciéndome todo lo que se tripean. Quiero ser como la estrella que no alcanzas pero admiras. Un italiano me invito a un hotel de Dubai y un venezolano me escribió desde el correo de su compañía para que no dudara de él y me propuso que pusiera el precio que fuera, que me llevaba de viaje… pero yo les explico que no, que yo me entrego a todos mis fans en la fantasía de la pantalla, pero no estoy para cumplir sus fantasías táctiles. Si quieren pueden gastarse el dinero en mi página.



¿Cuáles son las fantasías de los caraqueños?
Me han escrito mucho que quieren que los domine, por eso te hablo de la doble moral. Frente a sus amigos les encanta decir que ellos son los guapos, pero en la cama les gusta que los dominen. No necesariamente que les peguen, sino que seas tú quien lleve las riendas de la relación. La otra fantasía es ver a dos mujeres… A lo mejor si las chicas aquí no se las dieran tanto de exquisitas, sus maridos no se irían de putas. Si estás en un night club y le pides a dos chicas que se besen, lo van a hacer encantadas de la vida. Si tu mujer invita a una amiga, o si contratan a una profesional y hacen un trío, tú vas a pensar, "esta es la mujer que yo amo, que vive conmigo y además me cumple mi fantasía…" ¿pa´ dónde vas a coger con esa pata hinchada? Disfrutar tu vida sexual no te convierte en una "loca".

¿Gozas sexualmente cuando trabajas?
Mas que disfrutar de la penetración, me gusta saber que otras personas van a verme y disfrutar conmigo. La diferencia cuando estoy haciendo el amor con mi marido y cuando hago una escena es que no me concentro en darle placer a mi pareja, sino a miles de personas.

¿Un "consejo para la juventud" caraqueña?
A los hombres que se dejen de machismo y a las mujeres que abandonen la doble moral, para que disfruten plenamente de su sexualidad. Para eso es bueno que vean porno, así descubren cuáles son sus fantasías y luego las llevan a cabo.


jueves, 17 de abril de 2008

Jon Lee Anderson / HAY QUE ROMPER LA AUTOCENSURA DE LO POLÍTICAMENTE CORRECTO

Escuadrones de la muerte anticomunistas, militares golpistas, la caída de Bagdad, el Che Guevara: héroes, guerrillas, suicidas, matones, unos cincuenta países y todos los continentes. Este es el amplio terreno de trabajo que ha cubierto Jon Lee Anderson como periodista a lo largo de 30 años.

Dentro de unos meses, o menos, The New Yorker publicará el perfil que vino a escribir sobre Venezuela y su gobierno y su gobernante, el presidente Hugo Chávez. La que sigue es una versión ampliada de la entrevista que le hicimos Jesús Ernesto Parra y yo para el primer número de
Plaza Mayor, una revista gratuita que diseña Negro Nouveau y editamos nosotros para la Alcaldía Mayor. Circula en Caracas desde el fin de semana pasado.


La fotos de Jon las hizo el pana Andrés Manner


¿Cómo ha sido tu relación con Venezuela?

Estuve dos meses en 2001, mientras entrevisté a Chávez. Conocí algo de Petare, fui a Choroní, a una ciudad más allá de Maracaibo, a la prisión de Yare, a Barinas y a la frontera del Táchira; estuve en un pueblo donde algunos miembros de las FARC andan a sus anchas en las calles. También fui a Bolívar, hice escalas en diferentes zonas, siempre muy enfocado en mi trabajo. Vi bastante, aunque me falta mucho. Luego regresé en 2005. Y ahora.


Le sucede a amigos viajeros y periodistas que Caracas les parece inaprensible.

Sin afán de ofender, pero la primera impresión es difícil de superar y dura bastante, esto parece una sociedad colapsada, en un Estado fracasado que vive una pesadilla urbanística. No puedo decirlo más suave. Me parece una ciudad fatal en muchos sentidos, pero sobre todo desde el punto de vista del ser humano: no ves caminantes, hay mucha delincuencia, el ruido de los autos es, bueno, yo conozco muchas ciudades, pero hay pocas como esta, quizá Lagos. Vaya, estoy comparando a Caracas con una ciudad que es la pesadilla del mundo: Lagos, en Nigeria, uno de los países más grandes, populosos y ricos del planeta. Pero así empezó allá, hace años.


¿Por qué dices eso?

A mí me ha gustado más Caracas estos últimos días, quiero decirlo; la clave es conocer a su gente. Pero para mí Caracas tiene lo peor del mundo moderno. Cosas que ya van corrigiendo en otras partes, aquí ni las han pensado; para comenzar, tienen que hacer algo con los autos, esta ciudad está tomada por los autos, no es para los seres humanos, y eso es algo muy del siglo XX que se tiene que cambiar. Cuando el automóvil impone las condiciones, estás jodido. Y yo siempre he sentido rechazo hacia los barrios, a que estén dispuestos a vivir así; no que la gente en los cerros esté dispuesta a vivir así, sino que el resto de la sociedad, teniendo las posibilidades de mejorar esa situación, no haga nada. Dejaron que floreciera mucha miseria alrededor y es como si no lo ven, o si lo ven, no pasa nada, qué importa, se van a Miami.


Y las sociedades que han avanzado en la solución de ese tipo de problemas, desde tu experiencia como viajero, qué pasos han dado.

Mira, es que no se puede transplantar una solución de otra parte a equis sociedad, cada una tiene sus variantes. Una vez que se crea una sociedad así, es difícil corregirla, no quiere decir que es imposible, pero es difícil porque tienes que corregir una psicología. Lo que he dicho sobre Caracas es válido también para otras ciudades, en menor o mayor grado, pero acá no hay un real centro histórico, no hay plazas peatonales, no hay una clase media extendida en la ciudad, la gente va a los malls, ¿y eso qué es, eso es venezolano? Los autos y los malls son una cosa enajenante, y ojo, eso es lo peor de los Estados Unidos. Hay mucha indolencia. Acabo de ver al margen del río (Guaire) un montón de casuchas de indigentes, ¿esta es la capital?


¿Eso te sorprende?

Eso no se ve así en otras ciudades, hermano. Y me sorprende porque creo que no tiene justificación. Cuando lo menciono la gente responde: es que no se puede hacer nada con ellos, uno los trata de ayudar y después vuelven al sitio. Ah, ¿y entonces qué? ¿Ya es condición permanente? No puede ser, lo insoportable no puede llegar a ser permanente. Así comenzó Nigeria. La sociedad debe crear una clase media estable, extender la bonanza del país en términos de infraestructura. Se supone que Venezuela es el país más rico del hemisferio, ¿cómo es que todo salió mal?


Esta imagen del oeste de Caracas es de Alfredo Allais


LA MIRADA DEL MONSTRUO

¿Cómo es la política editorial de los medios estadounidenses en el tratamiento de América Latina?

Ah, yo siempre he tenido que fajarme para interesar a editores en América Latina, es deprimente que a estas alturas, cíclicamente, haya que hacer lobby para que tengan en cuenta a regiones enteras.


¿La prioridad de los editores es el Medio Oriente?

Y es la prioridad de los políticos. Lamentablemente también tengo que decir “a estas alturas”, porque esto lo he visto cíclicamente en mi vida adulta. Los editores allá siempre siguen la pauta impuesta por la Casa Blanca, si no hay tropas norteamericanas ahí, o algo gordo, no importa. Adiestran al público, el público es tratado casi siempre como un montón de payasos, o bobos, personas monotemáticas que solo pueden estar interesadas en una cosa. Eso es una frustración mía porque siendo norteamericano, tengo un sentido de pertenencia por América Latina.


¿Por qué?

Porque visto en términos del mundo, no hay dos regiones culturalmente distintas pero que tengan tanto en común, ni los chinos, ni los árabes; nosotros, gringos y latinos, tenemos más en común y hay compenetración, cercanía geográfica e intereses mutuos. Tenemos más en común que África y Europa, tenemos más en común que África y el mundo árabe, compara otras regiones. Los chinos y los japoneses se odian; los africanos, qué van a decir, son tan pobres; ¿acaso tú crees que los chinos mueren por amor a los africanos? No, los chinos tienen la cultura más racista que hay. Los árabes, por favor, ¿quiénes eran los primeros negreros? Los árabes. Siguen siéndolo, en su psicología colectiva. ¿Quiénes están construyendo Dubai, “las maravillas” de Dubai y Abu Dabi? Esclavos modernos de Bangladesh y Pakistán. Viven en campamentos resguardados, reciben una miseria de salario y tienen que cumplir años antes de volver a su país. Los árabes del golfo siguen con su mentalidad de esclavistas, de negreros. Y los europeos están tan neuróticos que ya no saben a dónde van a ir a parar.


Las políticas anti inmigrantes cobran cada vez más fuerza.

También es lógico y hay que decirlo con claridad. España durante 500 años ha sido un país nutrido de una cultura de limpieza étnica, que ha expulsado o matado a los que no son afines, o los ha conquistado. Históricamente, los españoles son la tribu dominante. Y sin embargo, en cinco años, su población se ha elevado en diez por ciento por los inmigrantes. Hablan de sudacas, pero los que son odiados uniformemente en toda Europa son los magrebíes, los árabes, los musulmanes. Hay recelo, hay odio y hay miedo contra esa población.


También hay una doble moral

Lo que pasa es que Europa tiene un problema: hace 60 años cometió las atrocidades más grandes de la historia en contra, justamente, de etnias, inmigrantes, minorías, entonces están todos como vacunados, con pánico a que eso les vaya a brotar de nuevo. Se pliegan a las pleitesías de lo políticamente correcto, que es también un argumento falso, que es una forma de la autocensura y que no permite hablar sobre el problema real. Yo lo vi en los Estados Unidos durante los ochentas: se dejaron de hablar después de las luchas de los derechos civiles en las décadas anteriores; se abrió una brecha y para finales de los ochenta había un recelo muy grande de parte de la mayoría blanca y latina en contra de la minoría afroamericana.


Pero todavía se mantiene

Mucho menos después de Clinton. Él tuvo mil cagadas, pero lo que hizo muy bien fue reconciliar al país racialmente. Por eso todos están paranoicos y no quieren que se intensifique la lucha entre Hillary y Obama, porque el problema es real, esas diferencias raciales pueden durar siglos, por lo menos generaciones. Y hablemos claro, si Europa se abre de piernas, será inundada de inmigrantes. De hecho, lo está siendo. Libia es un país de dos millones y ¿tú sabes cuántos africanos han llegado a Libia esperando pasar hasta Europa? Dos millones. Se ha duplicado la población en tres años; eso es inconcebible, compadre. Estoy hablando a calzón quitado, pero espero que entiendan a dónde voy, mi crítica es que hay temas que son escabrosos, delicados, pero que hace falta ventilarlos, porque sin ventilación los problemas siguen, incluso hay que romper la autocensura de lo políticamente correcto, porque si no lo que vamos a vivir es un rebrote del ultranacionalismo en España, en Bosnia, en Alemania; ¿cómo es posible que en Suiza exista un partido de la supremacía blanca? Yo estoy seguro que pronto alguno de los nuevos países del Este va a expulsar masivamente a los inmigrantes, pero en el fondo es lo que todos quieren hacer. El racismo de nosotros no se ha ido.




EL GERMEN DE LA GUERRA

¿Cómo se vive en esas sociedades el tema de la guerra?

Mira el lío de la OTAN en Afganistán, es increíble. Ellos dicen que se quedan ahí, pero Robert Gates (el secretario de defensa de los Estados Unidos) está saliendo y cada vez con más pánico a criticar a los aliados europeos, ¿de quién está hablando? Te lo voy a decir, está hablando de los alemanes, de los holandeses y de los franceses. Y te diré por qué: el país que nos dio los nazis, dos generaciones después decide que sus tropas no hacen patrullas de noche; es decir, no pelean de noche. Pero, ¿qué haces en Afganistán? Para eso te quedas en tu casa. ¿A qué vas? ¿Y mandar tres mil tropas para qué, para pertenecer a la OTAN? Eso no funciona, tienes que matar gente, y que te maten, eso es lo que hace una fuerza militar. Es inconcebible que en un campo de batalla tú le digas eso al enemigo, con bombos y platillos. Están tan desesperados y neuróticos con lo que hicieron, que no saben qué hacer. Yo quedé atrapado en una emboscada en Afganistán, estábamos a tres kilómetros de una guarnición de dos mil comandos holandeses, y en cuatro horas y media no mandaron ni una sola patrulla para meterse en la batalla a rescatarnos. No hicieron nada.


¿Y qué hacen ahí?

Nada, hacen la bandera. Como parte de “la gran coalición de Occidente para salvar a ese pobre país”, los franceses negociaron su inclusión, únicamente fueron a Bamian, que es como decir la isla de Margarita, donde no hay nada y nunca ha habido nada, no hay pashtunes, no hay talibanes, es el lugar más chévere, más bonito. Muy francés, de seguro hay ahora buenos restaurantes.


Sigue disparando, por favor...

Mira, si tú adoptas una política de guerra lo tienes que hacer bien. El germen de la guerra es como un virus inteligente, hace miles de mutaciones para sobrevivir. Eso lo saben los militares, tú puedes tener todo el poderío del mundo y hacer todas las planificaciones, pero si tienes un forajido dispuesto a morir, te puede volar hasta que la luna se vuelva azul. En Afganistán, si hay un ser humano hecho para la guerra es el afgano, nadie nunca ha podido con los afganos. A ellos les gusta la guerra. Más que una nación, es un campo de batalla.


¿Cómo ves a los Estados Unidos y a su clase política frente a ese panorama?

Siempre hay una parte oculta. Pakistán es una roca que se abrió el verano pasado. Desde el 2001, todos los periodistas que cubríamos el conflicto en Afganistán, sabíamos que Pakistán era el problema. Todo venía de allí. Ellos siempre han hecho un doble juego, son lo más traicionero que hay. Hace poco un alto oficial norteamericano declaró en Washington que ellos sabían que el Mulá Omar, el jefe de los talibanes, vive en Quetta, una ciudad en Pakistán donde ningún periodista occidental ha sido autorizado a entrar desde hace más de dos años; lo logró uno que hablaba urdu, el idioma de los talibanes. Apenas lo sacó en el New York Times, lo expulsaron del país. Ya te explico el juego: el alto oficial norteamericano declara que el Mulá Omar vive en Quetta, que es una ciudad guarnición del ejército pakistaní, pashtun, al día siguiente cae el Mulá Abdullah, en la frontera, un tipo terrible (su hermano era el que cortaba las cabezas de secuestrados el año pasado, incluyendo a periodistas, y lo grababa en video). El día después desaparece el embajador pakistaní, en Afganistán. Es una cosa por otra, ese es un clásico comportamiento de los pakistaní: “vamos a darles algo, para que dejen de joder”. Si Condoleezza Rice va a visitar, agarran a uno de Al Qaeda el día antes, siempre, ¿cómo saben dónde están? Y no es que no estén combatiendo, ellos tienen carne de cañón. El presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, no está en el poder de todo el organigrama, pero es muy peligroso. Son 150 millones de personas analfabetas, dispuestas al extremismo musulmán, con un fuerte porcentaje de ellos a favor de Bin Laden, y con bombas nucleares. ¿Qué haces con ese país?


¿Qué rol juega Irán en ese mapa?

Es obvio que Irán ha intervenido tanto en Irak como en Afganistán. Son ajedrecistas. A veces pueden aliarse con enemigos, solo para molestar a los Estados Unidos. Por ejemplo, los iraníes siempre han protegido a la minoría chiíta en Afganistán, pero los talibanes odian a la etnia chiíta y durante su tiempo en el poder los trataron muy mal, incluso mataron a diplomáticos iraníes. Con todo eso, hasta cierto punto, los iraníes se aliaron con los talibanes, le dieron algunas armas a Afganistán. Querían aumentar el costo y el sacrificio de las tropas británicas que pelean en el sur.


¿Lo lograron?

Sí, pero recuerda que en Irán hay un problema terrible de drogadicción. Siendo el país fundamentalista que es y estando bajo el control de los Mulá, tienen tres millones de heroinómanos. Y muchísima prostitución. ¿De dónde viene la droga? De Afganistán y de Pakistán, que son los que refinan y trafican. El gobierno de Irán tiene pena de muerte para los traficantes de droga y ha combatido y ha perdido a unos 600 agentes antinarcóticos, en batallas y enfrentamientos con traficantes. Lo que pasa es que Occidente pelea en esas tierras con una mano atada atrás, que es la prensa abierta. Nosotros lavamos la ropa sucia en público, ellos no.


¿Qué esperan los iraníes que suceda en Irak?

El juego de ellos allí es aún más maquiavélico. Así como parece que hicieron llegar algunas bombas, también están armando antiguos caciques de guerra en el norte, posiblemente en complicidad con Putin. Persas que miran con reojo el realzamiento talibán y pashtun del sur. Así, Irán se prepara para una guerra civil futura en Irak, en la cual Occidente forzosamente tiene que salir.


¿Estarán pensando en los Estados Unidos invadir a Irán?

Las señales que envían es que no van a hacerlo. Hay un juego ahora un poco más sensato, porque saben lo que les ha costado Irak. Y eso es que lo que quería Irán. No es que va a ser el fin del enfrentamiento, pero todo está en juego, desde Líbano hasta la India. Si comenzamos la década con una omnipotencia de los Estados Unidos, terminamos la década con todos los bloques del mapa en juego, China en auge, Rusia debilitada pero resentida, humillada y con dinero. Libia, Siria, Irak, Irán, Afganistán, Pakistán, todo está picado, Asia central también. Hay posibles soluciones a todo. El ritmo nos llevaba a la gran guerra, por culpa de Bush, pero en el último año y medio se ha puesto mucha energía para crear una corriente distinta.

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jueves, 15 de noviembre de 2007

Eloísa Cartonera

Entrevista realizada en el marco del Primer Encuentro de Espacios Alternativos Iberoamericanos, que se efectuó en Caracas del 25 al 27 de octubre. Entre la ONG; el Pool de Cuni, en La Bandera; Tiuna el Fuerte y Periférico Caracas. El libro que recoge otras entrevistas e impresiones de ese evento está por salir.




–En Argentina siempre hubo muchos cartoneros, pero después de la crisis de 2001, viste, esa que fue famosa porque el presidente se fugó por helicóptero y hubo todo un caos, empezó a haber más, fue una cosa masiva, gente profesional y de todo tipo se quedó sin trabajo y salió a cartonear porque no tenía otra fuente de ingresos; de golpe eran muchísimos en la calle. El tema estaba en la agenda pública, era muy hablado. Cucurto y Javier hacían para ese entonces unos libritos de poesía que se llamaban ediciones Eloísa Latinoamericana, que eran chiquititos y en unas cartulinas de colores relindas, eran de poesía y tenían unos dibujos de chicas desnudas, así medio tropicales, barilarescos.


–¿Barilarescos?

–Sí, porque son de Barilaro, Javier. Él es artista plástico también.

Cucurto se antepone el Washington de nombre, a todas luces un aka. El de nacimiento es Santiago Vega, pero eso no importa porque ya la fama perseguía al seudónimo: su libro Zelarayán ganó un premio de poesía y fue distribuido en las bibliotecas populares de Argentina, hasta que a alguien en Rosario le pareció que esos poemas eran vulgar pornografía. Acto seguido, se lanzó a la purificación, quemó todos los ejemplares que tenía. El hecho, por supuesto, le dio prestancia al autor. Hubo debates. Y mucha prensa.

Javier, como dijimos, es de apellido Barilaro, artista plástico (también), y el que dibujaba a las minas desnudas de los libritos chiquititos con cartulinas de colores.

Tras el 2001 surgió lo obvio, el papel (todo el papel) elevó su costo (se cotiza en dólares) y éstos hacedores de poesía optaron por una obligación: no tenía sentido pagar tanto, no había plata, no había dinero. Dejar de hacer libros o hacerlos con lo que había eran las dos alternativas.

Idearon un sistema de edición simple, muy simple –Javier es diseñador: libros que pudiera hacer cualquiera, con pocos medios y muy baratos para vender. ¿Recuerdan el cartón? Así nació la editorial, se llama Eloísa Cartonera.



Nosotros no somos unos puristas del cartón, yo muero por el cartón; esa no es la idea, dice María. María Gómez, que trabaja en Eloisa Cartonera desde hace tres años y se entrega. Ella estuvo en la ONG, en Caracas, para hablar de su experiencia y ofrecer un taller relámpago en la comunidad de Casalta, en Catia. Y continúa María: es un cartón, viste, vos imaginate que vivís en un país donde la gente no puede leer libros y tenés que hacerlos con cartón de la basura, eso ya te marca una pauta, entendés; y todo bien, está rebueno lo que hacemos, pero no nos comemos aquella visión del arte, las teorías eruditas que para mí son infames.

–¿Cómo cuáles?

–Como esa de la estatización de la pobreza, esas pavadas de intelectuales aburridos, no es que nosotros hagamos tapas de libros con cartón porque los pobres sean lindos. Está bueno porque lo hacemos nosotros con los recursos que hay, porque son baratos y accesibles, por un montón de cuestiones que también tienen que ver con la realidad sociopolítica latinoamericana, pero no defendemos el cartón a morir.

Junto a Cucurto y Javier, también empezó Fernanda Laguna. Al principio no había un espacio físico; todo lo hacían en la calle, en una biblioteca donde trabajaba Cucurto, en la casa de la poesía… Después Fernanda cobró una plata y alquiló un local, ese local se llamaba No hay cuchillo sin rosas, fue verdulería, taller para los libros y galería de arte. Yo llegué en el 2004 y los libros y la galería le habían ganado a la verdulería. Ya no se vendían verduras, dice María, la que se entrega. Y sonríe.



Fernanda se fue, porque ella también tenía una galería de arte: Belleza y felicidad. Y mucho trabajo. A Javier y a Cucurto se sumaron Gastón, David y Daniel, que eran los tres que hacían los libros, los trabajadores.

–Al principio los fotocopiábamos, sale medio caro, pero son libros breves. Te gastas un peso en fotocopia, un peso en cartón y los vendes en cuatro. Son tirajes de pequeña escala, cinco, diez por título, no más. Si alguna librería pide, sacas. Y a medida que vas vendiendo, vas haciendo.

Luego la embajada de Suiza donó una parte importante del dinero para que compraran una imprenta usada. El proyecto servía para editar libros de ellos y sus amigos, pero fue creciendo. Cucurto, experto en literatura latinoamericana, se encargó de armar el catálogo, poco a poco. Hoy publican a escritores de renombre en el continente, la mayoría nacida en la década del setenta; tienen una lista de nombres donde caben adjetivos como estrella, joven, rutilante y genio. Una que puede despertar –y lo hace– la más oscura de las envidias en cualquier editorial: Ricardo Zelarayán, Dani Umpi, Fabián Casas, Daniel Link, Rodolfo Walsh, Alan Pauls, Mario Bellatin, César Aira, Gabriela Bejerman… Todos, por supuesto, ceden sus derechos.

–Nosotros siempre decimos que nuestro catálogo es hecho de un lector para otro lector. Intervenimos todos, pero el que más sabe es Cucurto, yo capaz tengo más experiencia en la organización del trabajo, el experto en literatura es Cucurto, antes el experto en diseño era Javier. El que más sabe de algo, lo hace. Cuando estaba Cristian de Napole, que estudiaba letras, también intervenía.

–¿Ya no está Javier?

–Ya no tanto, porque él viaja mucho, es artista. Y yo aprendí a diseñar, ahora diseño yo.

–¿Qué diseñas?

–Los interiores de los libros.

–¿Y no te parecen que son cada vez más elaborados?

–Igual sí, pero todo bien. Ya te dije, no somos unos puristas del cartón, lo que pasa es que desde que tenemos la imprenta, podemos hacer libros más gruesos. Y queremos hacerlos bien.

–¿En el catálogo no hay españoles?

–No, pero si aparece no creo que haya problemas, tampoco es algo dogmático.

–¿Brasileños?

–Sí. Y chilenos, mexicanos, peruanos, colombianos, argentinos. Lo que no hay es de Bolivia.

–¿Por qué?

–Porque todavía no encontramos ninguno, pero tenemos ganas de editar a un chabón que está rebueno de apellido Vizcarra, es un escritor super marginal, una cosa así delirante, viste, muy callejero. Igual tenemos 120 títulos en cuatro años.

–¿Cómo es el Premio Nuevo Sudaca Border?

–Es un concurso que inventamos hace un par de años, llegaron más de 200 títulos y publicamos seis. El jurado era reimportante: estaban Ricardo Piglia, César Aira, algunos periodistas, nosotros. Además eso concordó con el Premio Clarín de Novela, comenzaba el mismo día y cerraba el mismo día.

-¿Y quién eligió mejor, ustedes o Clarín?

-No recuerdo ni qué sacó Clarín, pero ellos eligieron uno, nosotros sacamos seis.

–Fue como una goleada, ¿no?

–Trabajamos mucho.

–¿Cuánto es mucho?

–Todo el día.

–¿Las 24 horas?

–No, pero sí 18 horas, seguro. Todos los días.




–¿Y para qué trabajar tanto?

–Porque hay que hacerlo. Y aparte que me gusta. Nosotros somos una cooperativa y vamos a todo pulmón. El trabajo lo demanda, viste, siempre lo va a demandar, porque así son las cosas que se hacen con esfuerzo y poca plata. Ahora somos siete, igual si estamos todos haciendo libros, por ahí en un día podemos hacer cien y quedan lindos.

–¿Cómo es la distribución?

–La distribución es triste, digamos, los libros los vendemos en el taller y en algunas librerías. También vamos a todas las ferias y hacemos envíos por mail. Tenemos algunas incapacidades técnicas, hay librerías que no nos compran los libros porque no los consignamos, pero sería un despropósito consignar algo que vale 3 o 4 pesos. El excedente siempre es poco y eso se reparte entre los trabajadores.


–¿Cuánto gana un trabajador de Eloísa Cartonera?

–A veces ganamos muy poco y otras más, pero lo bancamos a morir porque sentimos que hay algo más, aparte del dinero. Esto es nuestro, viste, con el montón de esfuerzo y sus limitaciones. Capaz que en una semana buena vendemos 300 libros y en una mala no vendemos nada. 300 libros son mil pesos. Eso entre siete, sacá vos la cuenta. Hay semanas en las que tenés que pagar el alquiler, la luz. Ahí te querés matar.

–¿Todo proyecto tiene su desplazamiento y su final?

–Algo que nos falta hacer es dar talleres en el barrio, tener una política más orgánica, abrir las puertas a la comunidad de una manera más explícita.

–¿No crees que lo comunitario y lo social están de moda en Latinoamérica?

–En mi país, la gente apenas tiene derecho a la educación. ¿Y quién genera cultura? El estado no lo hace, no aporta en ese sentido: es privatista, súper capitalista, corrupto. Es una necesidad que surge de la misma realidad social, no es algo que yo invento porque de golpe soy Eva Perón y quiero ser comunitaria. Sí, hay muchos, pero no creo que esté de moda, creo que va surgiendo como una necesidad y me parece que está bien que la gente se organice y trate de hacer cosas. En Argentina hay muchos y muy variados proyectos comunitarios, radios, talleres, comedores, televisoras, revistas, y casi todas están fuera del Estado. Nosotros somos autogestionados, pero no sé si haya otra cosa así en Latinoamérica. Somos extraños, sin duda, gente rara, hacemos algo medio delirante. Decimos que somos unos loosers, pero lo decimos con cariño. Y viste, lo que hacemos nosotros es un trabajo, es nuestro trabajo. No somos un proyecto artístico ni vamos a darle la merienda a los hijos de los cartoneros, generamos mano de obra.


-¿Y cruzan de verdad los cartoneros ideas con los artistas?

–Los cartoneros no cruzan ninguna idea, es muy complejo, tienen un trabajo que es rejodido. Estos chabones están todo el día pateando. Imaginá que viven en la provincia, salen de la casa en la mañana, tienen que tomar un tren de una hora, llegar a Constitución (la estación de tren), allí se van a un galpón donde tienen que subir por las escaleras y bajar un carro, de fierro, y después a patear, a patear, hasta que consiguen lo suficiente. Después vuelven a Constitución y le venden el cartón a un chanta que les paga 30 centavos el kilo, eso son como 500 bolívares. El chabón después de que vende eso tiene que subir diez pisos por escaleras para devolver el carro, y viajar una hora de regreso hasta su casa. Caminar todo el día para ganarse 25 pesos; un litro de leche sale en 3 pesos; un kilo de carne cuesta 12 pesos; un kilo de papa, 8. Entonces, ¿es o no es una realidad social?



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jueves, 22 de febrero de 2007

Naná Vasconcellos: El equilibrio del berimbau


Seamos tan claros como se puede: Naná nace en Recife, en el estado Pernambuco, pero su historia comienza siglos atrás, un poco más al oriente, en un continente esclavizado donde la música aún mantiene rasgos ancestrales. Naná vive en Recife, una ciudad de varios millones de personas (decir millones al hablar de Brasil es tan común que las exactitudes son un lujo), pero la mayoría cree que lo hace afuera. Naná abre el carnaval de Recife, uno de los más importantes, pero su música, basada en la percusión, está cada vez más cerca del silencio. Ha ofrecido conciertos en muchos países: Angola, Mozambique, India, China, Noruega, Hungría, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, pero está tan lejos de las fórmulas comerciales que muy raras veces sus temas llegan siquiera al top 20 de la radio. Ha trabajado junto a figuras como Milton Nascimento, Gilberto Gil, Pat Matheny, B.B.King, Paul Simon, Don Cherry o Collin Walcott, pero asegura que la mejor experiencia musical la vivió el año pasado, en una visita a Bahía, cuando una anciana de 103 años le cantó en dialecto africano.

Si nos enredamos un poco y juzgamos a Brasil a partir de Naná deberíamos imaginar a un subcontinente de dinero y buen gusto que viste con ropas cómodas, más bien baratas. Que vive de la música, o desde la música, con su negro de sonrisa África y el lugar del sonido en el aire. Una casa lujosa en una ciudad pobre, un televisor omnipresente y gigante a ojos cansados que busca la calma, un país que alimenta niños desde el patrimonio que les da el movimiento: llámese ritmo, llámese regate corto, llámese sueño de contrastes, violencia y mentiras. La esencia no siempre se puede describir con palabras, pero ella es suficiente. De eso se trata.

En su casa, acorralados por una torre de videos y centenares de discos: Virginia Rodríguez, Charles Abrao, Trilok Gurtu, Chico Antonio, Pino Danielle, Camarón de la Isla, Los Beatlles, asomaron onomatopeyas para hablar de amigos y admirados como Ray Barreto, Mongo Santamaría o Charlie Palmieri, de la derrota de la música a manos del mercado y de la memoria como último resquicio de cordura. Naná es, probablemente, lo más parecido que hay a su instrumento preferido: el berimbau. Un arma de guerra musical. Un acompañante para la danza de la capoeira. Un argumento que busca el equilibrio.

¿Por qué el berimbau?
Yo llegué al berimbau hace muchísimos años, porque había un teatro en Bahía en el que se tocaban instrumentos folclóricos, ahí aprendí, durante un espectáculo. Después de la primera temporada me quedé ensayando con ese instrumento, que es en realidad africasilero, vino de África para Brasil. Aquí se usa para la capoeira. Hoy por hoy yo escucho todo lo que sale del resto de los instrumentos a partir del berimbau. Técnicamente tiene todo, yo le encontré una forma propia, una manera, porque siempre pensé en hacer con él lo que Jimmy Hendrix hizo con la guitarra. Hendrix demostró que los instrumentos no tienen fin. Tú puedes conseguir un sonido orgánico para cada uno, por eso también trabajo con el cuerpo. Además, para cada instrumento tienes una combinación sonora que pasa por la voz. Tienes que conseguir un equilibrio, un balance natural. Yo tengo un disco llamado Saudade, que es grabado con la orquesta sinfónica de Stutgartt en Alemania, allí lo encuentras mucho, fue un disco en el que trabajé con Pat Matheny.

¿Hacia dónde está dirigiendo ahora su trabajo?
Interpretaciones instrumentales, lo que hice en mi último disco. Tengo un grupo muy joven con el que nos movemos hacia alguna cosa y de repente cambiamos hacia otra, encuentros con todo tipo de instrumentos, eso es lo bueno de ese cuarteto, que al tocar todo puede virar hacia otros sonidos. Y que son músicos jóvenes que no creen todavía en la fama. Se toman el asunto en serio, pero con mucha libertad. Es muy difícil lograr que un percusionista se convierta en concertista, incluso aquí en Brasil, y eso es lo que yo he tratado de hacer. El verdadero músico de la percusión no debe preocuparse por tocar más rápido o más alto, lo que le debe importar es hacer música, y descubrir la música en el silencio.





BRASIL NO CONOCE A BRASIL

Naná es calmado pero sus manos nunca dejan de moverse. Grita, se ríe, posa, busca una cerveza y ataca con fuerza la historia escrita a comentarios simples. Asegura, por ejemplo, que la música de la Pantera Rosa es obra del brasileño Moasier Santos, quien la compuso cuando fue asistente de Henri Mancini, en Nueva York, y que la fama es sólo una excusa de la suerte. Así va desentrañando a un Brasil tan cargado de contradicciones como de engaños, y cambia de disco cada dos minutos.

Muchos dicen que usted no vive en Brasil
Yo no me marcho más de Brasil. Me quedo aquí disfrutando de mis cosas, tengo una casa en la playa, una hija que está creciendo. Yo comencé muy tarde, mi niña tiene 6 años y yo tengo 62, la gente piensa que soy su abuelo (risas).

¿Cómo ve la música de las calles?
Es la mejor porque es la más festiva y la más alternativa, porque la gente que la hace no tiene contrato con las disqueras y está procurando ver las cosas desde la raíz. Y eso es algo que puedes ver en el mismo carnaval de Recife. Mira esto: pac pum pac pum pac, pa para parara, parapupara… Eso es el frevo, la música típica del carnaval de Recife, aquí en Pernambuco. Ese que estás escuchando es Spok Frevo, un músico que hace algo que nadie está haciendo ahora. Está evolucionando hacia otro tipo de música, por eso me gusta. Este es su primer disco.

¿Ud ha tocado frevo?
Yo hago la apertura del carnaval de aquí, con una orquesta sinfónica y batería de carnaval, pero mira esto, escucha… Esto sí es una big band (risas)… Se sale de lo tradicional, quiebra barreras, está cambiando la música. Es maravilloso porque es diferente. Es como cuando en los cincuenta y los sesenta, con la incursión del jazz, la gente tocaba jazz, jazz, jazz, y los americanos decían, oh yes, yes. It’s happy, it’s happy: tiquitá, tiquitá, tiquitá, piririripurururá tucutá tucutátucutá (risas).

En el carnaval de Recife del 2002, usted logró que dos barrios rivales olvidaran sus diferencias, o al menos la dejaran a un lado en ese momento, ¿cómo fue esa experiencia?
Les propuse dirigir la apertura siempre y cuando los líderes de las favelas vecinas se pusieran de acuerdo para que tocáramos todos juntos. No fue fácil, su rivalidad era grande, pero al final aceptaron. Llevamos una orquesta sinfónica, la comunidad lo disfrutó mucho y yo también, porque pude comprobar que un concierto lo ofrece cualquiera, pero este tipo de trabajos, anular peleas por la música o formar a los niños, eso es otra cosa.

Es fuerte la vinculación de las pasiones en las zonas más pobres. Aquí la música, la violencia y el fútbol tienen un peso enorme en las alegrías y depresiones del pueblo, incluso desde la infancia. ¿Es eso precisamente lo que los termina formando?
Sí, el problema aquí es que no hay formación social. No hay educación. Somos pocos los que nos preocupamos por realizar una formación completa, sobre todo para los niños. Yo tengo una ONG llamada ABC de la música. Allí los maestros trabajan con una orquesta sinfónica para mostrar a los niños la esencia de la música folclórica brasilera. Que aprendan a distinguir entre la música de Minas Gerais, de Maranâo, de Bahía, de Pernambuco. Eso es la cultura. Porque la música disciplina, porque la música hace al espíritu, porque la música va del silencio al grito, y viceversa. De otra forma, estos niños nunca se acercarían a un teatro municipal, nunca se acercarían a una orquesta sinfónica. Nunca se acercarían ni a su historia, que va mucho más allá de la influencia africana. El problema aquí es que Brasil no conoce a Brasil. Aquí tenemos secretaría de cultura y secretaría de educación. Pero la de cultura no tiene educación y la de educación no tiene cultura.

Pero este país es conocido por su música y una cultura que se ha hecho un nombre prácticamente impenetrable para otros mercados.
Claro, porque además del idioma, la diferencia entre la música de Brasil con la del resto de este continente es la africanidad. Colombia, Chile, Perú, Bolivia, ellos son más indígenas. Pero aquí si no suenas en la radio, si no tienes un tema en la novela, muy pocos van a saber quién eres como músico. Eso es la moda, a mí no me preocupa porque yo sé que cuando muera voy a ser famoso (risas). Te voy a decir algo, después de trabajar con tanta gente, ir a tantos países a hacer lo que me gusta, dar un show con la orquesta sinfónica de Noruega, voy y toco en un teatro pequeño de Sao Paulo, pero Brasil no conoce nada de eso. En 2005 estuve en África en la conmemoración de los 10 años de la liberación del Apartheid, en un evento llamado La esencia del berimbau. Estuve en Angola, en Mozambique, trabajando con mucha gente, fue una grata experiencia que no voy a olvidar, porque fueron ellos los que me invitaron a mí, de Brasil, para tocar un instrumento que les pertenece. Y todavía hay gente que dice que yo no vivo aquí desde hace más de 20 años. Lo que pasa es que si tú quieres sonar en Brasil tienes que estar y tocar aquí. Cuando Joao Gilberto estuvo viviendo en Nueva York casi nadie quiso hacer trabajos con él. La música aquí volvió principalmente en los años 70. Después de eso, bla bla bla: pasteurización. A partir de los 70 Bahía comenzó a dominar la cultura brasilera, algo que se supo aprovechar políticamente. La bossa nova, los grupos, todo. Todos los músicos que sonaban eran bahianos. A partir de ahí: pasteurización, si no eras Bahiano no dirigías nada, los secretarios de cultura lo entendieron rápidamente y eso se instaló en todo Brasil. Eran buenos músicos, pero acabaron con lo que era el verdadero carnaval de Bahía, por ejemplo, y ¿por qué? Por la pasteurización.



LOS DIARIOS DE NANÁ

Los diarios de Naná es el nombre de un documental independiente recientemente editado en Brasil, en el que este músico viaja a Bahía a encontrarse con ancianos negros que no saben nada de él. El primer obstáculo que debe pasar es lograr que estas personas lo reciban para conversar. Personas muy pobres con una gran carga de religiosidad africana, en la que el sonido y los cantos juegan un papel fundamental. Allí Naná asegura haber descubierto el sonido del silencio en la naturaleza. Algo que quizá no había encontrado antes en tantos lugares.

¿Por qué fue tan importante esa experiencia?
En ese viaje encontré cosas increíbles. Había ancianas de más de cien años que me hablaron en un dialecto africano y cantaron para mí. Es muy difícil de describir. Un mes después murió una de ellas. Luego de eso tú comienzas a comprender la música desde su propio origen, y no puedes entenderla de la misma manera, ¿cómo puedes hacerlo si a partir de ahí notas que la música brilla?

Brasil es un país donde la religión tiene un peso fundamental…
Yo nací dentro de una religión fuerte, pero viajé tanto… Trabajé con musulmanes, trabajé con occidentales, trabajé con tibetanos, con Yoghis de la india. Yo tomé de cada uno algo que me sirviera a mí. Entonces no puedo decir que siga una religión, pero siempre trato de entender todo desde lo más espiritual. Para mí la música de ese último viaje a Bahía, con los ancianos, fue algo espiritual.

En otro viaje por Europa sus instrumentos se extraviaron y no llegaron a tiempo para el concierto, ¿qué hizo entonces?
Sí, eso fue en Inglaterra, pero no me preocupé. Mira, música y dignidad andan juntos, un músico cuando toca no tiene que hablar, porque nadie le preguntó nada, un músico tiene que decir con su trabajo. y para eso tiene el cuerpo, que es su primer instrumento. El segundo es la voz. Yo tuve que dar mi show con el cuerpo.

A lo largo de su carrera ha tenido la oportunidad de experimentar con muchos estilos musicales, ¿cuál es el trabajo con el que mejor se ha sentido?
De mis trabajos yo siempre recuerdo con mucho gusto las combinaciones musicales que hicimos en los setenta Collin Walcott, Don Cherry y yo. Fue una trilogía llamada Codona, por las dos primeras letras de nuestros nombres. Fueron muy buenos esos discos, porque no se parecían a otra cosa, la gente no entendía (risas). Y lo mejor, las disqueras estaban abiertas, lo hacían posible. Ahora es mejor desprenderse de las disqueras. Acercarse más a la gente, a la calle, producir cada quien con lo que tenga. Al menos así se siente uno mejor, más tranquilo.