martes, 7 de agosto de 2007

En combo: el avión y Curitiba

I. Aeroporto

No hubo muerte a lo Ritchie Valens, pero hagamos el honor:

A la bamba y a esa –no tan corta– lista de personajes que rezaban porque mi avión se fuera de cabeza contra la pista de aterrizaje en Sao Paulo.

He aquí una nueva serie de fotografías.

Decidí llamarla “Aeroporto” porque soy muy creativo y tengo serias intenciones de entrar al próximo Salón Pirelli de jóvenes artistas, a celebrarse en Caracas.

Sé que no soy tan joven, pero recuerdo que en el 97 todavía participaban Enrique Enríquez y Muu Blanco, por ejemplo.

Y ser artista es lo de menos, así que ustedes me dirán.









II. Curitiba

Esta es una parte del viaje, imágenes maltrechas sobre Curitiba y su gente. Una ciudad pequeña, de esas que abundan en Brasil: apenas 2 millones de habitantes.

Paulo Sandrini. Cuentista y padre. Un sujeto con cara de Jim Carrey y alma de poeta. Tiene un par de libros publicados y fue el curador del conversatorio en el cual participé. No es su culpa, tenía poca información sobre el vendaval de buenas publicaciones que hay en Venezuela. Sandrini bebe poco y lee mucho, no cree en los muchachos entusiastas que mezclan –mal– teatro con –malos– recitales. Y es tremendo tipo, todo un lujo.

A la izquierda, Marcelino Freire. El hombre que más viaja y más habla en Brasil en nombre de la literatura. Sabe lo que dice y no para. Se inventó la integración como excusa para editar, junto a otros 4 escritores de Pernambuco, una revista llamada Entretanto. En la solapa mueren Shimon Peres, George W. Bush y el papa Benedicto XVI; adentro se consigue la buena literatura del último Brasil. Tras aterrizar en Curitiba, Marcelino fue a la caza del mítico Dalton Trevisan y estuvo desaparecido durante horas, alguien dijo que se había convertido en vampiro. Nadie lo vio irse.

Con el micrófono, Wilson Bueno. El moderador. Cuentista y novelista. Editor de la publicación cultural y literaria más prestigiosa de Paraná en los años noventa. Wilson se hizo famoso por Mar paraguayo, el mejor libro escrito en portuñol en la historia de la literatura. Extraño y delicioso. Yo no soy un lector con licencia para recomendar, pero ese libro no tiene parangón. Este hombre fue quien le hizo la pata de gallina a su amigo personal César Aira para que saltara el muro de la casa del mítico Dalton Trevisan.

La entrada de la casa del mítico Dalton Trevisan. Sí, se supone que por una de esas paredes cayó César Aira. Sobre Dalton, si no lo conocen, averigüen en Internet.

A la derecha, Jaques Brand. Un poeta que toma 14 tazas de café negro al día y reconstruye la historia occidental del siglo XVI a través de la literatura olvidada de escritores españoles que fueron soldados portugueses, o vicerversa. Jaques enamora a las mujeres. Adora eso. Piensa construir un pequeño museo en su casa, al lado de una calle que huele a sexo, cocaína y unos quinientos años de memoria. Se dice de Jacques que es el escritor vivo más culto y querido en la ciudad, sobre todo por las mujeres. Esa noche sacó de un bolsillo el nombre de una banda literaria que no existe: Provincia crítica.

La provincia crítica. A destacar, Rodolfo, el de la chaqueta verde. Un joven que camina mucho y aprendió español leyendo a Borges. Claro, habla rápido y con gracia. Su perfil es de temer: abogado, filósofo y fotógrafo. Además juega ajedrez. Pronto lo tendremos en Caracas con su acento argentino.











Obrigado.

2 comentarios:

maria valentina dijo...

qué artecontemporáneo eres, LFC, te cagas en la madre de los artistas? te ríes de ellos?

Leo Felipe Campos dijo...

Yo respeto todo lo que no puedo ser, por eso me parece injusto lo que dices: los buenos futbolistas, los buenos vocalistas y las madres en general saben que yo jamás me cagaría en ellos.

La risa es ya otra cosa, como el enorme beso que te envío desde esta cada vez menos artística Caracas. Mi ilustradora favorita.