viernes 16 de mayo de 2008

Nos quisieron matar a todos

Antes que las cenizas chilenas del volcán Chaitén se largaran al sur de Buenos Aires, el humo provocado por la quema de pastizales en la zona del Delta cubrió su techo durante varios días. Gustavo Valle es un venezolano que vive por aquellos lares y me cedió este texto, que ya había publicado para Nación Apache. Ahí se los dejo.


Por Gustavo Valle

Se me estaban nublando hasta los pensamientos. Mi cabeza humeaba y cuando me proponía hacer algo por mi propia voluntad (hacer pis, cortarme las uñas), me atacaba un tedio vital mortal (como el tedio vital mortal que hizo famoso a Giacomo Leopardi por allá en mil ochocientos). Y terminaba tirado en el chinchorro como un oso perezoso pensando estupideces. Apenas alcanzaba a prender la tele y en la tele decían que el asunto se prolongaría cinco días más, que los pastizales arderían perpetuamente, que si uno quería se podía tapar la nariz y la boca y dejar de respirar, definitivamente lo peor que uno podía hacer era respirar. Tosí. Apagué la tele, cerré las ventanas, bajé las persianas, puse pañitos húmedos en las rendijas (¡las putas rendijas!) Me inventé una técnica según la cual pude descifrar los cambios de dirección del viento (en otra parte explicaré esto) y distribuí los muebles de casa en función de esta técnica. Coloqué el sofá contra la puerta del balcón, la cama frente a la ventana principal y arrimé la cómoda hasta obstruir el ventanuco del lavadero por donde entraba el humo. Me proponía aislarme de la enorme nube gris. Pero como la enorme nube gris era el aire mismo, entonces me había aislado del aire, y yo no estaba maduro para el suicidio. Intenté otra técnica: cuerpo a tierra. Panza y cachetes contra el piso. La preceptiva bomberil ordena cuerpo a tierra para evitar broncoespasmos. El humo, según esta preceptiva, tiende a subir al cielo. Es una infeliz ironía que esa informe cosa gris vaya al cielo, y uno al trabajo. Pero este humo argentino no era un humo cualquiera, era rastrero (humano humo, merecería llamarse) pues en vez de subir bajaba. Me pregunto si algo tuvo que ver el hemisferio sur, la latitud treinta y cuatro, la cercanía a la Antárdida, el mundo al revés, lo ignoro, la verdad, lo ignoro. Que si la presión atmosférica, escuché, que si los hectopascales, que si el viento norte, y cosas por estilo. Pero el puto humo no se iba. Se me ocurrió levantar la persiana y asomarme: era la lluvia ácida, el Apocalipsis en Buenos Aires. Definitivamente había un plan en marcha, y ese plan era exterminarnos a todos, asfixiarnos como ratas. Un laboratorio de aniquilación, carajo, de eso estoy hablando y no nos dimos cuenta. Y yo que no creo ni en el Gauchito Gil ni en el Santo Niño de la Cuchilla, cómo hago, me pregunté en medio de una gran desesperación, a quién encomendarme. Prendí de nuevo la tele, que es mi santuario en casos de emergencia, y allí estaba la presidenta vestida de plañidera con pelo al viento, lentes de mosca y blusa fucsia. Comandaba las operaciones de sofoco, pidiendo explicaciones a los capitanes, subiéndose a un helicóptero para sobrevolar los incendios. Y repartió culpas a diestra y siniestra, a los matones del campo, a los negligentes peones, a los inescrupulosos capataces, al dios Marte, a los espejitos, al triquitraque. A mí me dio un respiro (en realidad tosí otra vez) al ver a Cristina trabajar por el bien de todos, rodeada de cámaras, y sin el moño de Llongueras ni el tallercito hecho a su cadera. Apagué la tele antes de sufrir un ataque de optimismo y me asomé nuevamente a la ventana. Entonces pensé en Sandro, sí, con sus pulmones agujereados y en lista de espera para el transplante. Pobre Sandro, metido en esta humareda, después de arrancar tantos suspiros, la verdad. Y también pensé en la inflación y se me salieron las lágrimas. Y después pensé en el precio de los pasajes Buenos Aires-Caracas y me hice pis encima. Y al rato pensé en cómo sería escribir el humo, no el fuego (que ya lo hizo gente seria como Donatien Alphonse François de Sade) sino el humo, este humo que se mete hasta en las células hasta fumigar mi sinapsis. Y después de tanto pensar y pensar mis pensamientos ya se estaban chamuscando, ardían como barajitas y tuve una jaqueca contagiosa. Decidí bajar nuevamente la persiana. Corroboré que todos mis dispositivos estuvieran funcionando a la perfección: la alfombra tapando el hueco de la puerta, la cortina del baño atorando el acceso al balcón, un par de suéteres amuñuñados contra el aire acondicionado que no sirve, que nunca sirvió. Y me tiré en el chinchorro a ver las cenizas volar en el alto cielo albiceleste (no había alto cielo albiceleste, es una metáfora, para eso están las metáforas) Abrí los Cantos de Giacomo Leopardi en una página cualquiera y me dispuse a vivir la vida a plenitud.

miércoles 14 de mayo de 2008

Bitácora fotográfica (y retrasada) de una Buenos Aires cubierta de cenizas

Me dijo hace poco uno de mis carnales: cerrado el capítulo Buenos Aires, bye, bye and good morning Caracas. ¿Cuánto tiempo transcurre hasta que la sensación del desplazamiento desaparece? Este es un repaso breve e impresionado de nuestras poses turísticas. Las únicas buenas imágenes que encontrarán en adelante, son del joven Martín Castillo, un fotógrafo al que amamos. El resto las tomé yo. Son postales inofensivas. La excusa, como siempre: nuestro narcisismo.

Día 1. ¿Cómo viajar?

Sin leyendas.


Día 2. Boca 3 - Maracaibo 0.

El fútbol es una fiesta, sobre todo si naciste porteño y odias al River. La noche del 22 se vivió en La Bombonera, un estadio con nombre de guardar chocolates. Nosotros no estuvimos allí, por lo tanto no vivimos, por lo tanto, estuvimos muertos.


Reseña: Boca gana y clasifica a los octavos de final de la Copa "Toshota" Libertadores. Hoy ya está en cuartos. Ariel Di Lisio, diseñador insigne de la Argentina y factotum del estudio Negro Nouveau, todavía celebra.



Día 3. Argentina tiene nombre de mujer.

Su capital se llama Olivia.



Es grande y te recibe igual en pijamas que con sonrisas.



Entre cafés y colchonetas tres estrellas, el humo que se alejaba del cielo abría paso a la noche porvenir.


Y en el día, el sol, incluso, a veces obligaba a cerrar los ojos. Aquí paseamos en familia.



Día 4. La Eterna cadencia.


Vas por libros y te regalan pizzas y vinos.


La presencia del Vikingo Pablo Brown, la cosa Yumber Vera y el doble de Mickey O'Neil, el personaje que interpreta Brad Pitt en Snacht, le dio a la tertulia un aire de festival "ander".




Palermo "Haliwood" fue también el escenario de la certeza indiscutible: cuando Fernanda García Lao, escritora argenta y gran amiga, dice una mentira, lo hace por el otro. No se ría, ella es buena. Lo hace porque nosotros, quienes escuchamos, no estamos preparados para oír la verdad.



Día 5. Cuando ríe se ve brillando.

El Diente de Oro es el espacio de Pian, aka Andreína.


Ella fue guerrillera y novia de un boxeador con estilo. Ahora es tautológica: bella y porteña.


Aquí servimos ron de lujo y, como de la nada, el evento se llenó de venecos con ganas de fiesta.


Nosotros, hábilmente, huimos por la izquierda.



Día 6. ¿La Ciudad de la Furia?

Otra vez, fotos sin leyendas. Obvio.



Día 7. Doble vida.

Cristian, un alemán con andrógina sonrisa, dijo mientras caminábamos por una de las aceras de la calle Bolívar, "ya ven, esta es la calle más venezolana". Tres hombres preparaban unos chorizos a la parrilla, mientras el Junior preguntaba cómo se decía, en alemán, "cada día es el camino".



Antes, o después, Martín Castillo, autor de las únicas buenas fotos que se ven sobre este viaje, se vio obligado a fusilar la tapa de "Doble Vida", el disco de Soda Stereo. A estas alturas no preocupa que salgamos con estas tonterías, hace rato que hemos perdido el miedo al ridículo. Martín supo disculparnos.



Día 8. Cecila dice siempre lo que piensa

Cecilia Szperling es, también, escritora y buena amiga. Ella organiza Confesionarios, una serie de lecturas ruborizantes en primera persona con final de conversa. Para ello estuvimos en la Feria Internacional del Libro, mezclando presentación con entrevista pública. Algo lindo y poco concurrido, como nos gusta. Ahí conocimos al pana Gustavo Valle, quien me obsequió un texto sobre el humo que cubrió a Buenos Aires por varios días y que está arriba de todas estas fotos.

viernes 18 de abril de 2008

Dos en la ciudad

Jueves 24 de abril / 22.00 hs
Chávez no es el único venezolano universal
Espacio Rethink / M.T. Alvear 1187

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Viernes 25 de abril / 19.00 hs
Presentación de la revista 2021: Pura Ficción
Librería Eterna Cadencia / Honduras 5574 / Palermo Hollywood

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Lunes 28 de abril / 20.30 hs.
plátanoverde presentado by Ce Sz
Feria del Libro de Buenos Aires / Sala Julio Cortázar




Si saben de un apartamento vacío, conocen a alguien en la policía de Buenos Aires que nos pueda sacar de un eventual malentendido, o tienen esos invaluables números telefónicos del taxista amigo y de aquellas hermosas coristas de rock, no duden en avisarnos. Cualquier ayuda será bien recibida. A los que vayan a estar por allá, ojalá podamos vernos. A los que no, ni modo, traeremos mate y alfajores para todos.

Abrazos.

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jueves 17 de abril de 2008

Jon Lee Anderson / HAY QUE ROMPER LA AUTOCENSURA DE LO POLÍTICAMENTE CORRECTO

Escuadrones de la muerte anticomunistas, militares golpistas, la caída de Bagdad, el Che Guevara: héroes, guerrillas, suicidas, matones, unos cincuenta países y todos los continentes. Este es el amplio terreno de trabajo que ha cubierto Jon Lee Anderson como periodista a lo largo de 30 años.

Dentro de unos meses, o menos, The New Yorker publicará el perfil que vino a escribir sobre Venezuela y su gobierno y su gobernante, el presidente Hugo Chávez. La que sigue es una versión ampliada de la entrevista que le hicimos Jesús Ernesto Parra y yo para el primer número de
Plaza Mayor, una revista gratuita que diseña Negro Nouveau y editamos nosotros para la Alcaldía Mayor. Circula en Caracas desde el fin de semana pasado.


La fotos de Jon las hizo el pana Andrés Manner


¿Cómo ha sido tu relación con Venezuela?

Estuve dos meses en 2001, mientras entrevisté a Chávez. Conocí algo de Petare, fui a Choroní, a una ciudad más allá de Maracaibo, a la prisión de Yare, a Barinas y a la frontera del Táchira; estuve en un pueblo donde algunos miembros de las FARC andan a sus anchas en las calles. También fui a Bolívar, hice escalas en diferentes zonas, siempre muy enfocado en mi trabajo. Vi bastante, aunque me falta mucho. Luego regresé en 2005. Y ahora.


Le sucede a amigos viajeros y periodistas que Caracas les parece inaprensible.

Sin afán de ofender, pero la primera impresión es difícil de superar y dura bastante, esto parece una sociedad colapsada, en un Estado fracasado que vive una pesadilla urbanística. No puedo decirlo más suave. Me parece una ciudad fatal en muchos sentidos, pero sobre todo desde el punto de vista del ser humano: no ves caminantes, hay mucha delincuencia, el ruido de los autos es, bueno, yo conozco muchas ciudades, pero hay pocas como esta, quizá Lagos. Vaya, estoy comparando a Caracas con una ciudad que es la pesadilla del mundo: Lagos, en Nigeria, uno de los países más grandes, populosos y ricos del planeta. Pero así empezó allá, hace años.


¿Por qué dices eso?

A mí me ha gustado más Caracas estos últimos días, quiero decirlo; la clave es conocer a su gente. Pero para mí Caracas tiene lo peor del mundo moderno. Cosas que ya van corrigiendo en otras partes, aquí ni las han pensado; para comenzar, tienen que hacer algo con los autos, esta ciudad está tomada por los autos, no es para los seres humanos, y eso es algo muy del siglo XX que se tiene que cambiar. Cuando el automóvil impone las condiciones, estás jodido. Y yo siempre he sentido rechazo hacia los barrios, a que estén dispuestos a vivir así; no que la gente en los cerros esté dispuesta a vivir así, sino que el resto de la sociedad, teniendo las posibilidades de mejorar esa situación, no haga nada. Dejaron que floreciera mucha miseria alrededor y es como si no lo ven, o si lo ven, no pasa nada, qué importa, se van a Miami.


Y las sociedades que han avanzado en la solución de ese tipo de problemas, desde tu experiencia como viajero, qué pasos han dado.

Mira, es que no se puede transplantar una solución de otra parte a equis sociedad, cada una tiene sus variantes. Una vez que se crea una sociedad así, es difícil corregirla, no quiere decir que es imposible, pero es difícil porque tienes que corregir una psicología. Lo que he dicho sobre Caracas es válido también para otras ciudades, en menor o mayor grado, pero acá no hay un real centro histórico, no hay plazas peatonales, no hay una clase media extendida en la ciudad, la gente va a los malls, ¿y eso qué es, eso es venezolano? Los autos y los malls son una cosa enajenante, y ojo, eso es lo peor de los Estados Unidos. Hay mucha indolencia. Acabo de ver al margen del río (Guaire) un montón de casuchas de indigentes, ¿esta es la capital?


¿Eso te sorprende?

Eso no se ve así en otras ciudades, hermano. Y me sorprende porque creo que no tiene justificación. Cuando lo menciono la gente responde: es que no se puede hacer nada con ellos, uno los trata de ayudar y después vuelven al sitio. Ah, ¿y entonces qué? ¿Ya es condición permanente? No puede ser, lo insoportable no puede llegar a ser permanente. Así comenzó Nigeria. La sociedad debe crear una clase media estable, extender la bonanza del país en términos de infraestructura. Se supone que Venezuela es el país más rico del hemisferio, ¿cómo es que todo salió mal?


Esta imagen del oeste de Caracas es de Alfredo Allais


LA MIRADA DEL MONSTRUO

¿Cómo es la política editorial de los medios estadounidenses en el tratamiento de América Latina?

Ah, yo siempre he tenido que fajarme para interesar a editores en América Latina, es deprimente que a estas alturas, cíclicamente, haya que hacer lobby para que tengan en cuenta a regiones enteras.


¿La prioridad de los editores es el Medio Oriente?

Y es la prioridad de los políticos. Lamentablemente también tengo que decir “a estas alturas”, porque esto lo he visto cíclicamente en mi vida adulta. Los editores allá siempre siguen la pauta impuesta por la Casa Blanca, si no hay tropas norteamericanas ahí, o algo gordo, no importa. Adiestran al público, el público es tratado casi siempre como un montón de payasos, o bobos, personas monotemáticas que solo pueden estar interesadas en una cosa. Eso es una frustración mía porque siendo norteamericano, tengo un sentido de pertenencia por América Latina.


¿Por qué?

Porque visto en términos del mundo, no hay dos regiones culturalmente distintas pero que tengan tanto en común, ni los chinos, ni los árabes; nosotros, gringos y latinos, tenemos más en común y hay compenetración, cercanía geográfica e intereses mutuos. Tenemos más en común que África y Europa, tenemos más en común que África y el mundo árabe, compara otras regiones. Los chinos y los japoneses se odian; los africanos, qué van a decir, son tan pobres; ¿acaso tú crees que los chinos mueren por amor a los africanos? No, los chinos tienen la cultura más racista que hay. Los árabes, por favor, ¿quiénes eran los primeros negreros? Los árabes. Siguen siéndolo, en su psicología colectiva. ¿Quiénes están construyendo Dubai, “las maravillas” de Dubai y Abu Dabi? Esclavos modernos de Bangladesh y Pakistán. Viven en campamentos resguardados, reciben una miseria de salario y tienen que cumplir años antes de volver a su país. Los árabes del golfo siguen con su mentalidad de esclavistas, de negreros. Y los europeos están tan neuróticos que ya no saben a dónde van a ir a parar.


Las políticas anti inmigrantes cobran cada vez más fuerza.

También es lógico y hay que decirlo con claridad. España durante 500 años ha sido un país nutrido de una cultura de limpieza étnica, que ha expulsado o matado a los que no son afines, o los ha conquistado. Históricamente, los españoles son la tribu dominante. Y sin embargo, en cinco años, su población se ha elevado en diez por ciento por los inmigrantes. Hablan de sudacas, pero los que son odiados uniformemente en toda Europa son los magrebíes, los árabes, los musulmanes. Hay recelo, hay odio y hay miedo contra esa población.


También hay una doble moral

Lo que pasa es que Europa tiene un problema: hace 60 años cometió las atrocidades más grandes de la historia en contra, justamente, de etnias, inmigrantes, minorías, entonces están todos como vacunados, con pánico a que eso les vaya a brotar de nuevo. Se pliegan a las pleitesías de lo políticamente correcto, que es también un argumento falso, que es una forma de la autocensura y que no permite hablar sobre el problema real. Yo lo vi en los Estados Unidos durante los ochentas: se dejaron de hablar después de las luchas de los derechos civiles en las décadas anteriores; se abrió una brecha y para finales de los ochenta había un recelo muy grande de parte de la mayoría blanca y latina en contra de la minoría afroamericana.


Pero todavía se mantiene

Mucho menos después de Clinton. Él tuvo mil cagadas, pero lo que hizo muy bien fue reconciliar al país racialmente. Por eso todos están paranoicos y no quieren que se intensifique la lucha entre Hillary y Obama, porque el problema es real, esas diferencias raciales pueden durar siglos, por lo menos generaciones. Y hablemos claro, si Europa se abre de piernas, será inundada de inmigrantes. De hecho, lo está siendo. Libia es un país de dos millones y ¿tú sabes cuántos africanos han llegado a Libia esperando pasar hasta Europa? Dos millones. Se ha duplicado la población en tres años; eso es inconcebible, compadre. Estoy hablando a calzón quitado, pero espero que entiendan a dónde voy, mi crítica es que hay temas que son escabrosos, delicados, pero que hace falta ventilarlos, porque sin ventilación los problemas siguen, incluso hay que romper la autocensura de lo políticamente correcto, porque si no lo que vamos a vivir es un rebrote del ultranacionalismo en España, en Bosnia, en Alemania; ¿cómo es posible que en Suiza exista un partido de la supremacía blanca? Yo estoy seguro que pronto alguno de los nuevos países del Este va a expulsar masivamente a los inmigrantes, pero en el fondo es lo que todos quieren hacer. El racismo de nosotros no se ha ido.




EL GERMEN DE LA GUERRA

¿Cómo se vive en esas sociedades el tema de la guerra?

Mira el lío de la OTAN en Afganistán, es increíble. Ellos dicen que se quedan ahí, pero Robert Gates (el secretario de defensa de los Estados Unidos) está saliendo y cada vez con más pánico a criticar a los aliados europeos, ¿de quién está hablando? Te lo voy a decir, está hablando de los alemanes, de los holandeses y de los franceses. Y te diré por qué: el país que nos dio los nazis, dos generaciones después decide que sus tropas no hacen patrullas de noche; es decir, no pelean de noche. Pero, ¿qué haces en Afganistán? Para eso te quedas en tu casa. ¿A qué vas? ¿Y mandar tres mil tropas para qué, para pertenecer a la OTAN? Eso no funciona, tienes que matar gente, y que te maten, eso es lo que hace una fuerza militar. Es inconcebible que en un campo de batalla tú le digas eso al enemigo, con bombos y platillos. Están tan desesperados y neuróticos con lo que hicieron, que no saben qué hacer. Yo quedé atrapado en una emboscada en Afganistán, estábamos a tres kilómetros de una guarnición de dos mil comandos holandeses, y en cuatro horas y media no mandaron ni una sola patrulla para meterse en la batalla a rescatarnos. No hicieron nada.


¿Y qué hacen ahí?

Nada, hacen la bandera. Como parte de “la gran coalición de Occidente para salvar a ese pobre país”, los franceses negociaron su inclusión, únicamente fueron a Bamian, que es como decir la isla de Margarita, donde no hay nada y nunca ha habido nada, no hay pashtunes, no hay talibanes, es el lugar más chévere, más bonito. Muy francés, de seguro hay ahora buenos restaurantes.


Sigue disparando, por favor...

Mira, si tú adoptas una política de guerra lo tienes que hacer bien. El germen de la guerra es como un virus inteligente, hace miles de mutaciones para sobrevivir. Eso lo saben los militares, tú puedes tener todo el poderío del mundo y hacer todas las planificaciones, pero si tienes un forajido dispuesto a morir, te puede volar hasta que la luna se vuelva azul. En Afganistán, si hay un ser humano hecho para la guerra es el afgano, nadie nunca ha podido con los afganos. A ellos les gusta la guerra. Más que una nación, es un campo de batalla.


¿Cómo ves a los Estados Unidos y a su clase política frente a ese panorama?

Siempre hay una parte oculta. Pakistán es una roca que se abrió el verano pasado. Desde el 2001, todos los periodistas que cubríamos el conflicto en Afganistán, sabíamos que Pakistán era el problema. Todo venía de allí. Ellos siempre han hecho un doble juego, son lo más traicionero que hay. Hace poco un alto oficial norteamericano declaró en Washington que ellos sabían que el Mulá Omar, el jefe de los talibanes, vive en Quetta, una ciudad en Pakistán donde ningún periodista occidental ha sido autorizado a entrar desde hace más de dos años; lo logró uno que hablaba urdu, el idioma de los talibanes. Apenas lo sacó en el New York Times, lo expulsaron del país. Ya te explico el juego: el alto oficial norteamericano declara que el Mulá Omar vive en Quetta, que es una ciudad guarnición del ejército pakistaní, pashtun, al día siguiente cae el Mulá Abdullah, en la frontera, un tipo terrible (su hermano era el que cortaba las cabezas de secuestrados el año pasado, incluyendo a periodistas, y lo grababa en video). El día después desaparece el embajador pakistaní, en Afganistán. Es una cosa por otra, ese es un clásico comportamiento de los pakistaní: “vamos a darles algo, para que dejen de joder”. Si Condoleezza Rice va a visitar, agarran a uno de Al Qaeda el día antes, siempre, ¿cómo saben dónde están? Y no es que no estén combatiendo, ellos tienen carne de cañón. El presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, no está en el poder de todo el organigrama, pero es muy peligroso. Son 150 millones de personas analfabetas, dispuestas al extremismo musulmán, con un fuerte porcentaje de ellos a favor de Bin Laden, y con bombas nucleares. ¿Qué haces con ese país?


¿Qué rol juega Irán en ese mapa?

Es obvio que Irán ha intervenido tanto en Irak como en Afganistán. Son ajedrecistas. A veces pueden aliarse con enemigos, solo para molestar a los Estados Unidos. Por ejemplo, los iraníes siempre han protegido a la minoría chiíta en Afganistán, pero los talibanes odian a la etnia chiíta y durante su tiempo en el poder los trataron muy mal, incluso mataron a diplomáticos iraníes. Con todo eso, hasta cierto punto, los iraníes se aliaron con los talibanes, le dieron algunas armas a Afganistán. Querían aumentar el costo y el sacrificio de las tropas británicas que pelean en el sur.


¿Lo lograron?

Sí, pero recuerda que en Irán hay un problema terrible de drogadicción. Siendo el país fundamentalista que es y estando bajo el control de los Mulá, tienen tres millones de heroinómanos. Y muchísima prostitución. ¿De dónde viene la droga? De Afganistán y de Pakistán, que son los que refinan y trafican. El gobierno de Irán tiene pena de muerte para los traficantes de droga y ha combatido y ha perdido a unos 600 agentes antinarcóticos, en batallas y enfrentamientos con traficantes. Lo que pasa es que Occidente pelea en esas tierras con una mano atada atrás, que es la prensa abierta. Nosotros lavamos la ropa sucia en público, ellos no.


¿Qué esperan los iraníes que suceda en Irak?

El juego de ellos allí es aún más maquiavélico. Así como parece que hicieron llegar algunas bombas, también están armando antiguos caciques de guerra en el norte, posiblemente en complicidad con Putin. Persas que miran con reojo el realzamiento talibán y pashtun del sur. Así, Irán se prepara para una guerra civil futura en Irak, en la cual Occidente forzosamente tiene que salir.


¿Estarán pensando en los Estados Unidos invadir a Irán?

Las señales que envían es que no van a hacerlo. Hay un juego ahora un poco más sensato, porque saben lo que les ha costado Irak. Y eso es que lo que quería Irán. No es que va a ser el fin del enfrentamiento, pero todo está en juego, desde Líbano hasta la India. Si comenzamos la década con una omnipotencia de los Estados Unidos, terminamos la década con todos los bloques del mapa en juego, China en auge, Rusia debilitada pero resentida, humillada y con dinero. Libia, Siria, Irak, Irán, Afganistán, Pakistán, todo está picado, Asia central también. Hay posibles soluciones a todo. El ritmo nos llevaba a la gran guerra, por culpa de Bush, pero en el último año y medio se ha puesto mucha energía para crear una corriente distinta.

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miércoles 16 de abril de 2008

Milicos, películas y sueños

Anoche me desvelé viendo esa cursilería de 1998 llamada "Rescatando al soldado Ryan", que dirigió Steven Spielberg dizque en nombre de la libertad. Coño, qué mierda. Ese final de banderas gringas y lágrimas frente a las cruces blancas... Quisiera ser crítico de cine para escribir lo que opino, pero bueno, no puedo ser tan culto e inteligente, y me da flojera ponerme a citar a ingleses, franceses o canadienses.

Me pregunto, sin embargo, ¿de verdad los militares sueñan con una épica dramática y taquillera? ¿Será esa la parte gruesa del asunto?

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martes 15 de abril de 2008

Residente y el video

Algunas de las fotos de la crónica de abajo, cortesía del fotófrafo de la crónica de abajo.


1. Jorge muestra un video en el que Gaby (19 años, 1.67 mts, blanca, turgente) camina desnuda durante cuatro minutos debajo del elevado de la Av. Fuerzas Armadas, donde principalmente se venden libros, discos usados, y se juega ajedrez. De fondo, en el video, suena "Atrévete" de Calle 13. Yo estoy de más, pero me encanta figurar.


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2 y 3. El pana atiende a la pantalla, se pone sus audífonos y piensa "coño e su madre..."
























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4. Tómate una foto con la chica de nuestro próximo video, le decimos. Él no sabe si creerlo, pero posa encantado... Esta chica es Jaxi, la de los cuatro (o cinco) adjetivos de la crónica de abajo.


lunes 14 de abril de 2008

Domingo de concierto

Las señas estaban claras, al menos para mí: “Calle 13 llega al aeropuerto a la una de la tarde, así que espera en el Meliá como a las dos”. El famoso grupo de música puertorriqueño venía invitado por la Alcaldía Mayor de Caracas para presentarse en un concierto de domingo, junto a tres o cuatro bandas nacionales. Yo debía entrevistarlos y mostrarles junto a Jorge un video de una chica que camina desnuda por la ciudad con una de sus canciones de fondo. Se suponía que eso rompería el hielo.

Navegué desde temprano en Internet. Videos, entrevistas, programas mexicanos, periodistas argentinos, respuestas típicas. Lo de siempre. Hice una lista de ocho preguntas y salí a buscar un hervido de res que maquillara mi rostro. Vi a Jesús, cansado, con cara de asistir a un partido por televisión entre Empoli y Catania. Y a Jaxi, como siempre, tan chiquita, tan activa, tan sonriente, tan apremiada. A Jorge lo atendí por teléfono y le repetí mis señas claras. El fotógrafo, Franceso, estaba avisado desde el día anterior.

La primera parada, luego de la sopa redentora, fue la fachada del Meliá Caracas. O más bien ese limbo polvoriento con aires de castillo que se levanta entre el Centro Comercial el Recreo y el hotel cinco estrellas: un paredón sin color hediondo a orine. Allí conseguimos a Amanda, algo así como el último eslabón en la cadena de Emporio Group, la empresa que traía a los artistas. Allí también, Jesús optó por lo sano: abandonar esta historia para ir a su casa y mirar un partido de fútbol italiano desde la comodidad de sus pantuflas. Debí entender eso como una seña, pero en cambio pensé que cambiar a mi amigo por Amanda, una morena de lindos modales, no estaría mal.

Adentro coincidimos, más tarde, con Jorge y Francesco. Ocupamos dos sillones. Cuando la comitiva de 20 personas de Calle 13 atravesó el umbral del lobby sonaba de fondo una canción de Ricardo Arjona. Jorge hizo un comentario. Desde ese momento hasta que nos marchamos con la promesa de ser atendidos cómodamente en “el camerino privado de los artistas”, justo antes del concierto, transcurrieron al menos dos horas. Eso sí, de cómoda espera pero con una salvedad: cada bloody mary de Jorge costó Bs.F 22 y cada Pampero Aniversario de los míos, Bs. F 35. Pregunta lógica, ¿un cocktail que se sirve con vodka importada, jugo de tomate y especias no debería ser más costoso que un vaso corto de ron nacional en las rocas?

Eran las cuatro y debíamos esperar hasta las siete. En esas condiciones, decidimos seguir juntos, y apostamos a la memoria perdida: un paseo anecdótico por el bulevar de Sabana Grande hasta clavarnos en unas sillas de plástico frente a unas cervezas light y la gente que paseaba. Jorge compró un llavero de Hello Kitty que se enciende y yo tres caramelos. Jaxi comenzó a mostrar, con cierto orgullo, sus cuatro adjetivos del principio, más un quinto: edulcorada. Despachamos a varios mendigos, bebimos unas cinco cervezas y comimos sin vergüenza una parrilla mixta que incluía carne, chorizo y dos trocitos de pollo. La lechuga era blancuzca y las papas fritas estaban aguadas. La pasamos bien. Pensamos –yo lo dije y quiero creer que todos lo pensamos– que había sido, o estaba siendo, un domingo auténticamente caraqueño.

Llegamos al back stage del concierto y pudimos notar, como nunca, la fuerza de un eufemismo: “el camerino privado de los artistas” era una lona blanca con graffitis que se levantaba a modo de carpa playera y estaba vacía. Cada cual mostró su arte en el oficio: Jorge buscó una silla y se sentó parsimonioso, fue saludado por toda la concurrencia mayor de 40 años. Jaxi palmeó, hizo gestos con los dedos, chocó sus codos con otros codos desconocidos, jaló franelas, corrió de lado, enseñó su lengua y pidió permiso para buscar a su hermanito “que estaba varado donde los perreros de la esquina. Yeah”. Francesco, el fotógrafo, hizo un recorrido en silencio y se conformó con esperar y recibir una bandita roja que le otorgaba el privilegio de subir a la tarima cuando fuera necesario. Yo busqué, con desespero, un baño. Y lo conseguí.

Después de una hora y quince minutos, Franceso, Jorge y yo preferimos abandonar la espera en el back stage oficialista, estático y farandulero, para buscar nuestra cuarta mesa con tragos del domingo. Jaxi se quedó con su hermanito. Le avisé a Amanda (el último eslabón en la cadena de Emporio Group, la morena de lindos modales) que me llamara cuando Calle 13 saliera del Meliá rumbo a su camerino. Mi excusa: debíamos irnos porque “mi equipo de trabajo necesitaba refrescarse”. Recogimos a mi chica y caminamos de regreso al bulevar de Sabana Grande. Francesco pronunció por primera vez una frase contundente, o más bien dos: “no más vallenatos. Vamos a La Caleta”. La Caleta es una tasca española que se especializa en Paellas. Mi chica, Verónica, pidió una limonada y un cocktail de camarones en salsa rosada. Jorge, otra vez exhibiendo experiencia, mundo, savoir faire, dijo que esa era la entrada típica de las secretarias. Y después solicitó la primera de tres vodkas en las rocas. Nos reímos. Francesco bebió Soleras y yo me fui con mi trago para mujeres preferido: Splash. Una dulzura con cara de piscina que mezcla Amaretto con jugo de naranja. Al tercer trago sonó la llamada: ya vienen en camino los Calle 13.

A esas alturas de la noche, sinceramente, poco nos importaba hacer la entrevista, pero algo nos decía que había que seguir. Efectivamente llegaron, pero no hubo comodidad. Nada exclusivo. Entramos Jaxi, Jorge, Franceso y yo; a empujones y apurados. Conocimos al líder del grupo, o al que canta y da el rostro en las entrevistas: Residente. Un tipo amigable, sencillo. Rompimos el hielo con el video. No podía creer lo que veía. “Hay que hacer esto en Puerto Rico”, dijo. Pregunta uno: ¿Te gusta el reggaetón? No me gusta el reggaetón. Si hubiera músicos buenos haciendo reggaetón, a lo mejor me gustaría, pero no hay ninguno. Me gusta el trabajo de Tego Calderón, pero considero que él hace otro tipo de música. Preguntas dos, tres, cuatro y cinco, entre gritos, micrófonos, audífonos y empujones. Tuvimos que abandonar la carpa-camerino y mientras salíamos, pidió una especie de ayuda de toda Latinoamérica para Puerto Rico, que no entendí muy bien. En total, siete minutos, mucho menos información de la que hubiese podido lograr navegando en Internet.

Franceso mostró su bandita roja y subió a la tarima. Se encendieron las luces. El público –sobre todo las mujeres– gritó, como en todos los conciertos. Jaxi se fue con su hermanito “a tripear” y se perdió entre las miles de cabezas que se juntaban para ver el cierre del espectáculo. Residente salió sin camisa y dijo algo sobre la energía del público. Como era previsible, en su primera frase nombró a Venezuela. Jorge se subió a lo alto de un andamio, demostró estar en buena forma física, a pesar de su experiencia. Comenzó a llover. Yo pensé en buscar un quinto bar que me cobijara, esta vez sólo acompañado de Verónica, mi mujer, pero ya era suficiente. Recordé a Jesús, lo imaginé viendo el show por televisión, arropado hasta la cintura y con una copa de vino en su mesa de noche; como debe ser. Tomé un taxi y miré el reflejo de las luces traspasar las gotas de agua que caían sobre el parabrisas trasero.





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lunes 31 de marzo de 2008

Azul

Hace poco me preguntaron por qué cambié el rojo en el look del blog por este azul tan pálido. ¿Acaso ya no eres chavista?, me dijo mi interlocutor. Fue un comentario que ubiqué a medio camino entre la necedad y la pendejada, así que contesté como lo haría una señora en una panadería: ni que el rojo fuera exclusividad de ese señor, yo siempre he sido más militante de los Cardenales de Lara que del PSUV. Apenas me faltó decirle mijitica. La verdad es que quise acercarme al look de las páginas de Google. Si ellos usan el azul en sus diseños por algo será. Y ese algo debe valer millones de dólares globalizantes y democratizadores. En eso pensaba cuando leí lo que publicó la revista peruana Etiqueta Negra en su última página de la edición 24. Es un texto de Vicente Verdú que extraen del libro El Estilo del Mundo (Anagrama). Y es la respuesta que debí dar.

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Lo azulado es la tonalidad dominante de nuestra época. Ha decaído el enérgico valor del verde que enarbolaban los ecologistas airados y se ha perdido como un viejo recuerdo la bandera roja. Ahora el color envolvente es el azul: el tinte masivo de las prendas deportivas, el matiz repetido de las organizaciones internacionales, la tonalidad seleccionada por las firmas de informática, energía o ciencias de la vida, el fondo que preside a los partidos políticos sin ideología. El azul, decía Goethe en su Teoría de los colores, es “una nada encantadora”, no pesa, no incomoda, no afirma nada de verdad.



El capitalismo de ficción tiende a hacerse invisible a través del azul, que es un color resultante de la suma de vacíos. El capitalismo no está o se manifiesta de acuerdo con esa liviandad confundida con la naturaleza, la acumulación del aire o del agua transparentes. El azul es líquido o gaseoso como lo es la ética sin dolor, la disolución de la heterosexualidad, la continuidad entre el bien y el mal, la “nueva economía” intáctil. El rojo es fuerte, popular, comprometido, símbolo de la violencia o de la fecundidad. El rojo es un color encarnado, mientras el azul “no parece de este mundo”, decía Kandinsky. El azul es solitario como la sociedad egonómica, frío, distanciador, fácil de asumir.



En la cromoterapia, el rojo estimula el corazón, pero el azul induce a la parálisis. Parálisis de la rebelión, apariencia de consenso y lavado de la conciencia. Los detergentes procuran asociar su eficacia a unos granos azules como la señal de “limpieza nuclear”, mucho más allá del blanco. Este blanco tecnológico, nuclear, deshace incluso la memoria de la suciedad para imponerse como una limpieza de segundo orden. Una segunda limpieza producida que suplanta a la primera porque no solo la relava sino que la medicaliza. Que logra una realidad clínica y garantizada, más allá de la simple vida real.

Las cápsulas de los somníferos son azules para evocar esta nueva realidad soñada y los franceses llaman conte blue al cuento para niños: historias fantásticas, inverosímiles y con desenlace feliz.



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Así que no pesa, no incomoda, no afirma nada de verdad, es solitario, frío y fácil de asumir. Es como un cuento para niños. Después de todo, menos mal que no di esta respuesta, porque aunque dudo que mi interlocutor haya leído algo de Vicente Verdú (dudo que haya leído Etiqueta Negra e incluso que se haya leído algo de lo que escribo en este blog), con esta respuesta también le hubiese dado fundamentos a su estúpida razón.

martes 25 de marzo de 2008

Generación Y

Aclaré desde el principio que este espacio era para colocar textos propios y ajenos que resultan, cuando menos, entretenidos. Más propios que ajenos, eso sí. Que no soy o no quería convertirme en un opinador de oficio. Y que tampoco soy un bloguero y mucho menos un blogger.

Otra vez estaba equivocado.
Me mantuve casi a raya con las opiniones, pero está visto que cada vez que me emborracho (cosa fácil) escribo lo que me provoca y al día siguiente no lo recuerdo (las visitas diarias que recibo impiden que actúe como si no hubiese escrito algo, por eso no lo borro).

Ese último paréntesis me delata: sí soy bloguero (o blogger); pero soy pésimo.

Los enlaces que dejo a continuación demuestran cómo se hace una buena entrevista para web (incluso lo sería para un periódico de tiraje nacional). Y supongo que demuestran, también, lo que es ser una buena bloguera (o blogger).

Hagan un clic primero en la entrevista de la BBC y después entren a Generación Y, el blog de Yoani, el más popular de Cuba con un millón de visitas y un promedio de 700 comentarios por cada post. Según ella, alguien frustrado y desencantado puede tener sentido del humor y tornarse irónico, pero no por eso ser rencoroso y vengativo. ¿Es posible llevar eso al contexto de lo privado?

Por si acaso fallan los enlaces, aquí las direcciones:

http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/latin_america/newsid_7311000/7311959.stm

http://www.desdecuba.com/generaciony/

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lunes 10 de marzo de 2008

La última carta de Camacho (Del libro en camino Técnica Mixta / Dimensiones Variables)

Campos, no importa lo que digan o lo que parezca, un hombre no es un hombre por sus conocimientos o su verdad; tampoco es el boceto del tiempo que le pertenece. La brevedad, el suicidio y la certeza son cosas que también pueden experimentar las mariposas, las luciérnagas y los gatos. Un hombre es un cuadro y un cuadro puede ser un hombre pintado, una mujer desnuda. Los muslos de una mujer desnuda. Ese es el mejor hombre que conozco. O que conocí. Ya sabes a lo que me refiero.

A veces pienso que hay pocas pinturas más impresionantes que la del cuarto donde duerme el hombre, cuando lo pinta. Es esa imagen la que, como una fotografía, lo atrapa. Lo ata. Lo sujeta sin darse cuenta. Con cada gota de pintura que se derrama en el piso, sobre el periódico roto en las esquinas que anuncia noticias viejas: “Paro patronal a partir de mañana”; “Brasil celebra nuevo campeonato”; “Mujer maravilla salta de un décimo piso”; “70 muertos dejó el carnaval”; el hombre imagina que es feliz, que puede ser feliz, que tiene algo, además de sus buenas intenciones.

No hablo del dolor, ni de las enciclopedias o sus horrores inmensos, esas son cosas importantes y probables. Tampoco de la soledad. Sé que no estoy solo y que he tenido peores días. Sé que me has escrito hace minutos y que, por lo visto, la gente sigue sacando revistas inútiles. Me dices que te has emocionado porque te van a hacer una entrevista, un reportaje central, una semblanza, un perfil, que tu taller será fotografiado y tu trabajo cobrará un mayor alcance. Te voy a decir lo que hago con esas revistas: las tomo, las leo, las arrugo y las pongo sobre la alfombra del copiloto, a los pies de mis accidentados. A veces también le hablo de libros a los hombres y de radiadores a las mujeres. Les señalo el sucio debajo de sus zapatos. Esas revistas son inofensivas y están sobrestimadas, sufren de una enorme falta de sinceridad.

Yo hablo de no disimular y de todo eso que pensamos. Una cosa son las cosas que pensamos y otra cosa son las cosas que sabemos; saber no importa, saben los débiles y a ellos nadie los quiere. Ellos hacen revistas o se convierten en críticos de la Internet. Ellos pueden ser gatos o mariposas. O no ser nada. Yo soy gruero, hermano. Un cargador de miserables y desafortunados. Podemos ser inmortales según las dimensiones de lo que hacemos, pero te pregunto: ¿qué pasa cuándo lo que hacemos es aprender a morir? ¿Cuáles serían entonces nuestras dimensiones? ¿Tú puedes seguir pintando como si nada? Si es así, vamos a vernos pronto para jugar a las cartas, para conversar, solos tú y yo. Para que me expliques cómo es la vaina y me muestres lo último que has hecho.

Un hombre es un hombre cuando huye de la realidad sin pensar en el otro. A eso es a lo que me refiero.

Estoy terminando de escribir mi primer libro de relatos. Lo voy a terminar para mostrártelo cuando nos veamos. Un abrazo. Cambié mi celular, llámame: 0414.3201441.

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