martes, 9 de octubre de 2007

Esto no es un plagio

Copio y pego de la web de ReLectura este relato de Salvador Fleján, alto pana y tronco de cuentista. Su amenaza tenía semanas, me lo dijo en Maracaibo cuando presenté su libro antes de unas cervezas y aquí está; le prometí que no lo publicaría hasta el lunes que viene, pero -otra vez- fallé. Mi único esfuerzo está en las imágenes hasta ahora inéditas de la bienal (a la que se hace referencia en el texto).

Quiero pavonearme con la cantidad de embustes que cuenta Salvador y exponerme a la crítica de los analistas virtuales; este blog decae en comentarios y el rating no perdona. Además, supe que el Junior hace lo mismo que yo en el site del plátano, así que debo aprovechar. Después de todo la idea de ser un personaje no es molesta y la crónica está muy divertida.



Quiero ser un plátano
Por Salvador Fleján *


La más reciente bienal de literatura Mariano Picón Salas, en Mérida, ha inoculado en mí dos fantasías aspiracionales de las que va a ser difícil librarme en un futuro mediato. Una de ellas tiene que ver con mi lado bucólico: ser propietario de una cabaña en el Páramo La Culata se ha convertido en mi sueño más recurrente de los últimos días. La otra fantasía es más abstracta y está estrechamente ligada al reino vegetal: quiero, por sobre todas las cosas, convertirme en un plátano.

Esta última certeza la tuve el mismo día de mi llegada al hotel Prado Río donde se alojarían los escritores invitados a la bienal. Era la hora del almuerzo y mi instinto de supervivencia me guió directamente al restaurante del hotel sin siquiera pasar por la recepción. Esa fue una mala idea. El muchacho encargado del buffet hizo caso omiso a mi mirada famélica y me aconsejó, con lógica implacable, que primero debía registrarme para obtener mi “escarapela”. Con esa palabra rondándome en la cabeza y sin tener una idea clara de lo que significaba, me dispuse a retornar a la recepción cuando de pronto avisté, presidiendo una larga mesa, a Jesús Ernesto Parra, uno de los editores de la revista venezolana plátanoverde. Jesús Ernesto me hizo señas para que me acercara y hasta allá fui a saludarlo. Cuando llegué, me sorprendieron tres cosas: la mesa que presidía Jesús Ernesto era nada menos que “la mesa de los españoles”, mítico lugar donde se podía fumar sin provocar histerias antitabáquicas. Jesús Ernesto ya había dado cuenta de media botella de tinto chileno y degustaba un platillo distinto (un solomillo, me parece recordar) a la opción comunal del buffet. El buffet, también creo recordar, estaba compuesto por todos los carbohidratos prohibidos en la dieta del Dr. Atkins. Jesús Ernesto no tenia escarapela y ese sería uno de los primeros acicates de mi naciente ánimo de pasar del reino animal al reino vegetal.

Aquella misma tarde llegarían con retraso Leo Campos y Junior Ruiz para completar el trío editor de plátanoverde. Extrañamente los plátanos no se hospedarían en el Prado Río, sin embargo, y vistos los acontecimientos de los días subsiguientes, a mí me dio la sensación de que más bien estaban alojados en la suite presidencial.

En la entrada, de salida


Sin dilación, improvisaron un despacho en una de las mesas del bar de la piscina. Ese, sin duda alguna, se convertiría en uno de los lugares más calientes de la bienal en muchos sentidos. Por allí vi desfilar a Mario Bellatín con sus vaporosas túnicas y su brazo ortopédicamente hermoso. Daniel Link, pétreo y nicótico, parecía hallar noche tras noche el somnífero eficaz en los chistes crípticos de Junior Ruiz. También la gente de la editorial Candaya se dejó ver por la asoleada oficina. Todos y cado uno peregrinaron a la meca vegetal de los Platanitos como si aquello fuera el ritual más cool del evento.

Linkillo fuma en el bunker


La gente de Plátanoverde, no se sabe cómo, ha logrado en poco tiempo lo que a un relacionista público le hubiese costado años: como nadie, manejan la diplomacia literaria de guantes blancos, poseen invalorables correos electrónicos de escritores y editores, conocen entretelones, secretos y hasta pueden ser el factor X en una ansiada publicación en España. Sin querer queriendo, se han hecho casi imprescindibles en todos los eventos a los que asisten, tengan o no escarapela.

Como cualquier banda de rock de los sesenta, los Plátanos también tienen sus grouppies. Para la ocasión, llegaron con dos ejemplares que ya quisieran para sí los Doors. Sin embargo, solos o acompañados, estos hijos ilustres del reino vegetal siempre se las han apañado bien con el sexo opuesto. En la bienal no escasearon las historias de este tenor. Desde cuarentonas desesperadas y nostálgicas en busca de glorias perdidas hasta insólitas propuestas por parte de acérrimas militantes de bandos indefinidos. Sé que no debo revelar intimidades, pero más de una discípula de Safo se sintió tentada a cambiar de acera.

Mención aparte merece el bunker donde finalmente se acantonaron los muchachos. Estaba ubicado en un páramo inaccesible y aún resulta un misterio para mí descifrar cómo se las arreglaban para llegar hasta allá sin poner en jaque a los rescatistas merideños. Allí se cocinaron lechones, se bailó salsa cabilla, los españoles conocieron las bondades del hongo local y hasta se decidió el futuro de algunas carreras literarias. Sé que pasaron otras cosas escatológicamente fascinantes, pero de ellas no poseo mayores detalles por la sencilla razón de que jamás me invitaron.

El bunker


Una tarde en la en la oficina de la piscina le pregunté a Leo Campos por el presupuesto que destinaba la revista para los viajes del equipo editor. Ya yo tenía noticias de sus giras por Guadalajara, Bogotá, Frankfourt y fantaseaba con cifras escalofriantes. El joven periodista me lanzó una mirada cansada en la que pude entrever aeropuertos, aeromozas y destinos exóticos. De pronto sacó su lengua teñida por el vino de moras y señalándola, me dijo:

-Este es mi presupuesto, caballo…


+ + +

* El mejor libro de cuentos venezolanos publicado en los últimos años se llama Intriga en el car wash. Lo escribió Flejan y lo editó Random House Mondadori en 2006.

El joven Camilo Marks

El no tan joven Alejandro Zambra


Quiero ser un plátano

¿Quiero ser un plátano?


¿Quiero ser un plátano?


36 comentarios:

Sinar Alvarado dijo...

no hay más, caballo: ése es el presupuesto. de eso vivimos!

Anónimo dijo...

Como consejo sólo te dijo que te aleje de ese grupito. La consetida de fleján dejó, en sendo texto, lo mal que publicaste su cuento en la revista plátano verde. Ellos son los que te dan la mano y después detrás tuyo te lanza la piedra. Si no me crees pregúntale a la consentida a ver si lo desmiente...muchos lo leímos en su blog...tú quedaste muy mal parado.

Anónimo dijo...

¿Cuáles serán esos cuentos buenos de Fleján? Porque los que he leído son malos... debería irse de una vez al páramo, le haría un favor a la humanidad literarira...

Anónimo dijo...

Me robé tu foto

http://www.myspace.com/kaori_nofilm

localizala ahí

Anónimo dijo...

La maldita envidia.

Fleján opérate la nariz, sácate todos los dientes, haz ejercicio, ponte un implante de pelo, escribe mejor y dile a tu patriarca que te aumente el sueldo...

¿Quieres ser un plátano? lo dificulto, lo que te sale es topocho, balurdo.

Anónimo dijo...

A mí me consta que Leo es un buen plátano. Será que Fleján no lo es...y no sean mal pensados, por favor.

Anónimo dijo...

y relectura ¿qué es?

el grupito participa de jurado, se premian entre ellos,hacen coferencias realmentes estúpidas y están hasta en la sopa...Qué envidia tan descarada.

A él que coño le importa que otros coman mejor.

Anónimo dijo...

Jajajjajajajaja...Ay, fleján cómo me hace reir tus estúpideces ¿por qué no escribes sobre Chávez? haz algo mejor con tu vida y deja de envidiar a los de plátano verde, si están buenotes y son ricos y qué.

Anónimo dijo...

¿intriga en el car wash? Será intriga sobre plátano verde.

¿o es qué no pasó nada bueno en esa bienal sino lambucear a hasta la ropa del trío de plátano verde?

Coño, ese hombre si es míserable.
¿Buen escritor? Lo dudo. ¿Envidioso? Sí y mucho.

Anónimo dijo...

Probablemente quería lamer tu lengua "teñida por el vino de moras" y lo dejaste con las ganas. Asco compadre, te compadezco.

Coño, soy hombre y no me fijo en esas vainas.

¿y la bienal qué?

Leo..Leo...Leo...Fleján como que está medio torcido.

Anónimo dijo...

jajajajajaja. Este post da risa y mucha pena.


lo que le faltó decir que los de plátanos se vistieron rojo, rojito.

¿Será que es idiota?

Anónimo dijo...

Ah, coño. Todo el peo de Fleján es que no le paró bola nadie en la bienal ni las de clan de safo.

La envidia en abundancia...Salve al rey y a su grupito de relectura. Plátano verde, fuera!!!!!

Anónimo dijo...

Quiero ser un plátano ¿acaso lo tiene pequeño?

Debe ser por eso la envidia porque, por lo demás, no entiendo su mariconada de niña ofendida ¿de qué? lo negrearon, no lo dejaron pasaron o durmió junto a los galipanes o comió perro caliente o se tuvo que duchar en la poceta...sigo sin entender.

Anónimo dijo...

Jajajaja. estos comentarios están mejor que el comentario sobre el disfraz llámese Fleján.

Que haga algo bueno por la literatura venezolana.

jajajajajaja...que deje de fastidiar con mentepolladas de niño mal herido. 40 años ¿no?

y qué dirá el "patriarca" como lo llaman de cariño sus jalabolas ¿le limpiaría los mocos a Fleján después de su lloratina por los de plátanoverde, que le robaron la bienal? jajajajaja...qué risa da.

Anónimo dijo...

y todos estos comentarios venenosos serán reales o los habrán inventado: ¿Fleján? ¿Los plátanos? Como diría un pana: ¡Perroooo, Fleján! así sería la roncha que levantante en Mérida. No le pares, los cuentos son buenos.

Anónimo dijo...

¿qué cuentos? ¿qué roncha levantó en Mérida?

Lo que estuvo fue de policía vigilando a los de plátanos verdes ¿o es qué tú no lees bien? ¿te falta lentes para leer? En su estúpido y deslúcido texto lo que habla es de: quiero ser plátano porque los deplátonsverdes comieron bien, porque cogieron bien, porque tomaron bien, porque...y más porque.

Sí así escribe como será sus benditos cuentos: "¿Habrá un plátano por ahí?" "Me quiero acostar con un plátano"...

Anónimo dijo...

Gran crónica de s. fleján, es uno de los pocos escritores divertidos y agudos que se pueden leer en este país. Bueno tu blog campos

Anónimo dijo...

Flejan es feo, pero escribe muy bonito, dejen a ese hombre quieto.

Leo Felipe Campos dijo...

Amigo, gracias, quiero montarle publicidad al blog y ganarme un dinerito; algo imposible sin el impulso de los esquizoides digitales. Es poco lo que se necesita. 15 comentarios en dos horas y despertar temprano para seguir no está mal, sobre todo entendiendo que esto no es demalamadre.

Hazme una segunda, cuando termines de leer esto, presiona alguno de los anuncios google, revisa lo que te salga para que mates el tiempo y vuelve aquí.

Después te doy un regalo.

Anónimo dijo...

�Dios m�o! �Ser� que aqu� nadie entendi� nada o que no tienen sentido del humor? �De qu� roncha o envidia hablan? �No se trata de ser personas medianamente pensantes y agudas? Para mi el texto es sabroso, tiene humor y le hace m�s bien homenaje a los pl�tanos. Supongo que tambi�n por eso Leo decide publicarlo en este blog, �no? Entonces no se enrollen: rel�njens� y g�cenlo.

Mar�a Estefan�a Casanova

Anónimo dijo...

Ahhhh, y disculpa Leo, pero no entendí tus instrucciones sobre la publicidad. ¿Dónde es que hay que meterse para ayudarte a ganar los cobritos?

María Estefanía Casanova

Anónimo dijo...

Coño si eso es humor y del bueno. Entonces, estamos mal en este país.
Me parece una hartada de mentepollerías todo lo que escribió sobre los plátanos. Es un texto extremadamente insulso, barato y muy poco sazonado. Como si estuviese pegado de ellos todo el tiempo en la bienal. No había otra cosa qué comentar. coño, era una bienal de literatura. No una bienal de plátanos...

Anónimo dijo...

Qué curioso Salvador fleján escribe una crónica sobre los plátanos y no sobre la bienal, la niña consentida de él habla mal de Leo Campos en su blog ya hace bastante tiempo...¿Qué les molesta de los plátanos? Porque esa crónica según sabrosona pareciera que les quisiera meter el dedo en la nariz a los de plátanosverdes. Lo que no entiendo las postura de los otros de recomendar hasta su libro en cada post escrito por ellos. Yo lo mandaría a lavarse el parto y que deje de fastidiar.

Una crónica insulsa que lo que desgata a la ya malograda literatura venezolana. Perder el tiempo en chapuzas, en sandeces.
Una bienal como la de Mariano picón Salas se respeta, no se habla de plátanos se habla de poesía, de cuento o de ensayo.
No se abre una banana para querer darle un severendo mórdico en una bienal... eso se hace en un mercado.

José Prado. dijo...

Me parece una mala crónica y nada graciosa. incluso, me pareció insultante como esos chistes ofensivos que en vez de hacer reir lastiman. Ese tal Salvador Fleján es un tipo muy mediocre.

Antonio Córdoba, dijo...

Sin la bienal el texto es de farandula pura.

No compro un libro de ese Señor jamás porque que intuyo que el tono narrativo debe ser el mismo.

Antonio Cabeza. dijo...

Lo triste es saber que, por boca del Sr Fleján, lo único bueno e interesante de la bienal fueron los plátanos.

¿Rabia, envidia, odio, desdén por escribir? porque ni él fue pieza importante de la bienal (bueno, yo no lo considero pieza fundamental dentro de la literatura venezolana)

Mi conclusión de todo esto es que la bienal fue un severendo fiasco y lo único de que se podía hablar era de los plátanos o, por el contrario, si había muchas otras cosas más interesantes para ser un excelente ensayo o crónica pero el Sr mediocre le dio por hablar de las andanzas de los plátanos en una bienal, por demás, de las más respetadas del país.

Sólo el mediocre se distingue por sus bajezas...

Leo Felipe Campos dijo...

María Estefanía, el asunto de los cobritos era casi un chiste. Casi: hay que hacer clic en los anuncios google que aparecen en la parte superior de la página. Gracias por tu candor.


+ + +


A los amigos anónimos tan preocupados por la literatura (venezolana) como por la bienal y la comprensión de nuestras posturas, les dejo acá estos links:
http://fernandagarcialao.blogspot.com/2007/09/la-ponencia-que-no-le-la-mesa-en-la-que.html

http://linkillodraftversion.blogspot.com/

http://despuesdelaspiedras.blogspot.com/2007/09/congreso-de-literatura.html

Ojalá entiendan algo y disculpen si les parece poco, no todo está al alcance de la mano.

Les cuento un secreto: el cariño no los va a hacer más débiles, así que en adelante despreocúpense de los consentimientos, hay otras cosas malogradas. Me tranquilizan el entusiasmo, la finura y contundencia de sus palabras. Sigan leyendo.


+ + +


Prado, Córdoba, Cabeza, a mí sí me gusta lo que escribe Fleján. ¿Y ahora qué hacemos?

Anónimo dijo...

Pero a él le gusta como haces tu trabajo en plátano verde, tanto, que te lo quiere raspar... O sea que como escritor siente un désden, un fastidio que le congoja el alma: eso debe notarse en su obra.

Anónimo dijo...

He leído todo lo que dejaste de los demás participantes y sigo pensando que Fleján es un difraz.

Qué te puedo decir Señor leo Campos...lo demás hablaron de literatura y el Fleján de plátanos. Qué quieres que te diga...

Anónimo dijo...

Primero, felicidades porque vas a ser padre. Segundo, ¿por qué no escribes tu propia apreciación sobre la bienal? Sería interesante, para mí, leer tu crónica. Además, comparto la opinión del otro anónimo. A mí me parece que eres un buen plátano (te conocí en persona) y el Fleján no (también lo conocí en persona); y, como dijo el mismo anónimo: "y no sean mal pensados".

Leo Felipe Campos dijo...

Agradezco sinceramente las felicitaciones, pero no la invitación, mira lo que le pasó a Fleján por estar dejándose convencer de escribir una crónica sobre la bienal. Pero puedo opinar: mucho protocolo y solemnidad en las lecturas y actos, el evento reunió suficientes escritores consagrados –y no tanto- sobre las mesas pero poquísimos estudiantes en las sillas. Casi no hubo discusiones en el encierro involuntario del hotel donde se daban las ponencias. Las mejores tertulias eran nocturnas y muchas de ellas promovidas en un refugio improvisado por esa cosa que mientan plátanoverde. Me enteré allí de una gran noticia, la bienal para mí careció de importancia en adelante.

Al que habla del alma, la obra, el desdén; hijo, la universidad y el tiempo libre hacen daño, ve con cuidado. Hasta donde sé Fleján sólo ha publicado un libro de cuentos, pero quizá tengas razón, la última vez que bebí con él lo sentí deprimido, miraba su botella de Solera verde con esa expresión preocupada, de ira y envidia. Se le notaba, ¿cómo dices? Que “le congoja” ahí.

Hasta donde sé el pobre negro (disculpen que sea tan literal) escribió eso que llamó una crónica sobre la bienal porque tenía un encargo, una crónica se supone que no debe falsear los hechos y aquí hay exageraciones. Pero comparar las ponencias de otros escritores con este texto es una tontería, esto no fue lo que él leyó en la bienal. Es un ejercicio narrativo. Cuando lo descubra firmando anónimos les aviso lo que opino de ser un disfraz.

Igual tienen razón en algo: Fleján no debe ser un buen plátano.

Anónimo dijo...

que cronica más buena. Leo, cual es ese libro de relatos de flejan?

Anónimo dijo...

"Los plátanos están bien buenos", ese el libro de relato y se ve que lees muy a menudo cósmopolita para decir que la crónica estuvo muy buena. Te felicito por tu ignorancia suprema...de verdad.

Anónimo dijo...

Leyendo la demás ponencia sobre la bienal, la de Fleján es como un aló presidente y ya dijo mucho...

Anónimo dijo...

Oye, grupo de relectura, que piensan que todos los anónimos vienen del grupo de plátanos verdes. Pues, no soy de ningún bando y pienso que Fleján es un pobre hombre que no sabe hacer una buen crítica. Perder el tiempo en sandeces ¿será que se les quemó todas las neuronas del cerebro por ser editor de una revista para novias?

Anónimo dijo...

No y lo peor que los plátanos verdes, o sea el Leo Campos pone, antes de la bendita crónica del farolito, cómo se llama su libro de cuentos y la muy boba se jacta en decir que "crónica más buena". Se ve que leyó muy bien... este grupito de relectura que relean y relean, porque son de un gafo completo.